SOR MAGDALENA DE LA CRUZ
Aguilar de la Frontera (c. 1487)
– Andújar (1560)
Monja franciscana
De nuevo acogemos en el blog a alguien que, aunque no naciera en nuestra ciudad, en ella recaló y, en este caso, pasó los últimos años de su vida, dándole por cierto un giro importante a su existencia. Magdalena no dejaría de ser una más de las muchas mujeres que, por vocación o por obligación social, ingresaron en los numerosos conventos que pulularon por la geografía nacional a lo largo de varios siglos. Pero lo que hace especialmente atractivo al personaje es el haber descollado como monja milagrera, con fama de santidad y protagonista de prodigios supuestamente paranormales, hasta que cayó en desgracia y confesó que todo había sido una inmensa superchería, mantenida a lo largo de treinta y ocho años.
Pero vayamos por partes. Según los datos biográficos que aporta, ante todo, el muy documentado proceso realizado por la Santa Inquisición, vino al mundo en la villa cordobesa de Aguilar de la Frontera en las últimas décadas del siglo XV. Desde muy pequeña manifestó especial predilección por las vidas de santas, sobre todo la de Santa María Egipcíaca, cuya voluntad de alejarse del “mundanal ruido” intentó llevar a la práctica. Con tan solo cinco años confiesa que se le aparece un ángel y con doce otra entidad divina, que la capacita para obrar milagros, no dejando claro si se trataba de un ser angelical de nuevo, de un santo o de un hombre de raza negra, que más tarde volverá a aparecérsele pero con otro objetivo más lascivo. A partir de estas experiencias, los padres deciden que la vida monacal era la más idónea para su hija quien, además, había nacido con una deformidad en una de sus manos, lo que se supone no le hacía apta para algunos trabajos y poco atractiva para el género masculino. Esa deformidad la aprovecharía más adelante ella para explicar que era una marca realizada por la Virgen María. En 1500 ingresa como novicia en la orden franciscana y dos años más tarde ya es monja clarisa, profesando en el convento de Santa Isabel de los Ángeles, en el cordobés barrio de Santa Marina.
| Fachada del antiguo convento de franciscanas de Córdoba (Wikipedia) |
Cuando llega a la ciudad califal, ya tiene una aureola de santidad que impresiona a parte de sus compañeras de religión y, ante todo, a los frailes franciscanos, los cuales se convertirán en grandes aliados. Digo esto porque, no todas las monjas aceptaron desde el principio sus supuestos prodigios: se ganó la enemistad muy pronto de algunas de ellas, en especial las que provenían de familias acomodadas, que no veían con buenos ojos la preeminencia que tuvo de inmediato alguien que pertenecía a un estrato social más bajo, y que además no era de la ciudad. Sor Magdalena confesaba tener continuos arrebatos místicos; dialogar con santos, Jesucristo y la Virgen María; poder ayunar durante varios días, alimentándose tan solo con la hostia consagrada; recibir en sus propias carnes dolencias ajenas para así aligerar la carga de la enfermedad de esas personas; viajar a otras dimensiones y visitar el purgatorio y el infierno; ver el aura; tener el don de la ubicuidad…
Tantos eran sus supuestos prodigios y tanta publicidad se le dio, que enseguida llamó la atención de las autoridades eclesiásticas, comenzando por el general de los franciscanos, fray Francisco de los Ángeles Quiñones, quien vio en esta religiosa una oportunidad para afianzar la importancia de su Orden. También hay que contar entre sus seguidores al místico fray Francisco de Osuna y el propio arzobispo de Sevilla e inquisidor general, Alonso Manrique. Pero no se quedaban las habilidades de Sor Magdalena tan solo en el terreno de lo espiritual, sino que comenzó a predecir sobre la vida y la muerte de sus congéneres, e incluso se atrevió a pronosticar hechos de gran relevancia histórica como la victoria española en Pavía y la consiguiente prisión del rey de Francia. Ello supuso que su fama llegara hasta el mismísimo emperador y que el infante Felipe, futuro rey de España, fuera envuelto en uno de los hábitos de la monja cordobesa (o que ella bendijera la canastilla donde se depositó una vez nació, que sobre esto no hay acuerdo).
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| Arzobispo Alonso Manrique (www.archisevilla.org) |
El cenobio franciscano se vio muy concurrido de devotos, especialmente de alta alcurnia, que acudían para obtener favores de Magdalena. Y esos devotos contribuían, por supuesto, con abundantes dádivas que redundaban en beneficio de toda la comunidad, con lo cual el apoyo a nuestra monja fue en aumento dentro de la congregación. Fue aceptada pronto en el discretorio u órgano de gobierno del monasterio, para luego ser elegida abadesa en 1533, 1536 y 1539. Según parece, a partir de este momento su carácter se hizo más irascible, ya que no admitió oposición alguna al poder obtenido, en especial de aquellas compañeras que nunca la aceptaron, como antes se ha dicho. Varios hechos comenzaron a cimentar su caída en desgracia. En primer lugar, el hecho de que confesaba a las novicias (con la intención de conseguir información de sus compañeras enemigas, datos que usaba en contra de ellas). En este sentido, la curia se comenzó a inquietar porque estaba suplantando a los sacerdotes en el sacramento de la confesión. En segundo lugar, administraba las limosnas personalmente y con escasa transparencia (lo que motivó la retirada paulatina de apoyos por parte de la propia Orden). En tercer lugar, su carácter se volvió cada vez más soberbio e irascible (lo que precipitó el hecho de que la oposición dentro del convento aumentara y fuera perdiendo esa aura de serenidad espiritual que tanto gustaba a sus seguidores). Y en cuarto lugar, y de manera definitiva, el hecho de que se quedara embarazada supuestamente por intercesión del Espíritu Santo que quería dar al mundo un nuevo Jesucristo. Sobre esto hay varias teorías que no dejan claro si tal embarazo se produjo, resultando virgen incluso después de alumbrar una criatura de cabellos rubios, que desapareció poco después.
De resultas de unas fiebres contraídas en 1543, confesó que toda su vida había sido una impostora y que todo se había debido a la intervención del diablo, sintiéndose ella engañada por supuestas apariciones divinas y raptos místicos, que solo se debían a las artimañas de Satán. Un posterior exorcismo hace que confiese aún más detalles de su superchería. Denunciada por el Santo Oficio, es encarcelada y juzgada, participando en un auto de fe donde es condenada el 3 de mayo de 1546 a abandonar el convento cordobés. Parece que la pena de muerte no se le aplicó porque el propio inquisidor general había sido uno de los engañados y no quería darle más importancia al asunto y además no se consideró pertinente dada la avanzada edad de la rea, que además había confesado de manera voluntaria y no bajo tormento. Aquí es donde aparece Andújar, ya que la comunidad de monjas franciscanas donde pasará el resto de su vida es la del convento de Santa Clara que estaba situado en la calle del mismo nombre, a continuación de la parroquia de Santiago, cerca de los famosos poyos que también reciben el nombre de la fundación medieval, cenobio que contó incluso con privilegios otorgados por Isabel La Católica y del que hoy solo queda el recuerdo, ya que fue pasto de la Desamortización de Mendizábal. La Inquisición la obligó a permanecer en Andújar de manera perpetua, sin voto activo ni pasivo, sin recibir la comunión por espacio de tres años (salvo en caso de extrema gravedad) y a ocuparse de la cocina de manera exclusiva. Sea verdad o no, se cuenta que su carácter se dulcificó, aprendió a vivir con este castigo y sus últimos años fueron de honda devoción y recogimiento. A fin de cuentas, otra cosa no podía hacer.
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| Calle Santa Clara (www.visionarias.es) |
A raíz de este caso, las autoridades eclesiásticas miraron con lupa a todos los iluminados, místicos y milagreros...aunque quizás fuera más idóneo usar el femenino, ya que la Inquisición analizó especialmente el caso de las mujeres, comenzando por Teresa de Ávila, conocida después como Santa Teresa de Jesús, la cual confesó en cierta ocasión que pensaba en Magdalena de la Cruz cuando sufría sus éxtasis, temiendo que fueran obra de Belcebú. Esta cuestión es abordada en el libro de Sánchez Adalid, Y de repente, Teresa.
Siglos después, y tras leer parte de lo mucho que se ha escrito sobre este interesante personaje, no sabemos a ciencia cierta si se trató de una mujer embelesada por la Religión que llevó su fe hasta un terreno algo “pantanoso”, si en realidad creyó que estaba poseída por el Diablo y obró de manera enajenada, si todo fue planeado por ella para manipular a su antojo tanto a gente sencilla del pueblo como a dignatarios de la Iglesia, si lo que la sociedad de entonces no pudo aceptar es que una mujer (y encima de baja condición social) alcanzara tal poder… Todo la ambigüedad que rodea a la cordobesa fallecida en Andújar es un misterio que la hace más atractiva.
FUENTES:
CUADRO GARCÍA, Ana Cristina; “Tejiendo una vida de reliquia. Estrategias de control de conciencias de la santa diabólica Magdalena de la Cruz”, Chronica Nova, 31 (2005) pp. 307-326.
MORAGUES, Beatriz; “Magdalena de la Cruz, un destino marcado por el diablo”. In www.suite101.net.
Wikipedia
Diccionario biográfico español


