martes, 18 de febrero de 2014

JOSÉ MARCHÁ
(JOSÉ RODRÍGUEZ CARMONA)
(1950)

(Tomado de su página web: www.josemarcha.es)


Pintor

Aunque nació en Andújar un doce de octubre de 1950, a los tres años ya lo tenemos en Arjonilla, tierra donde la alfarería y la cerámica de la zona arraigó con fuerza y sigue teniendo mucho protagonismo en la actualidad. Justamente, por el contacto con el barro vidriado nacería su vocación artística. Según aparece en su biografía oficial, a los doce años le regalan material para pintar al óleo y así conseguir dar forma a todo lo que bullía en su interior. A los dieciocho aterriza en Madrid, dispuesto a encontrar un hueco en el panorama de la pintura nacional. Al margen de imbuirse del arte de los grandes en el Prado, entra en contacto con el acreditado marchante Arnot, que le abre las puertas de América, a cuyos coleccionistas, desde entonces, llegarán regularmente sus lienzos rodeados ya de un prestigio internacional. Pero, antes de eso, hay que reseñar su encuentro decisivo con Nanita Kalachnikoff (una de las más fieles amistades con que contó Salvador Dalí). 

"Membrillo tras la lluvia"
 

Afincado en la costa del Sol, José Marchá tiene en su haber un sinfín de exposiciones. Cabría citar las de Kebila (Tetuán), la madrileña Galería Durán, la Sala Miramar de Málaga, la Galería Saanen (Gstaad, Suiza), la Galería Triángulo (París), Galería Sokoa (Madrid), el Marbella Club, la Galería El Bollander (Palm Beach, Estados Unidos), etc.

"Mujer de Marrague"

Sus obras se pueden admirar en varias colecciones particulares como las de los marqueses de Engloffteing (Alemania), la de los marqueses de Paul-Larios (España), el príncipe iraní Abbdelah (Francia), los marqueses de San Damián (Londres), la afamada colección Thysen; así como en diversos museos e instituciones: ACAF de Melbourne, The Spanish Institute de Nueva York, el palacio de Lebrija, etc.


"Flor de azahar"

De él decía hace unos años el literato Fernando Quiñones: “La pintura de Pepe Marchá nos gana en directo y a gusto, como un beso en la boca. Su rotunda energía de diseño y color no excluye una delicadeza esencial e inocente; sabia también, ya que el arte mejor es siempre una misteriosa, indecible suma de intuición y saber de espontaneidad y técnica”. Decía también entonces el recordado novelista que Marchá se aleja de los vaivenes de las modas pictóricas para crear un arte atemporal. En la misma línea están estas palabras de María de Juan: "El paso del tiempo y la transformación de la discusión en torno al arte se ha encargado de demostrar la gran pertinencia de trabajos que, como el suyo, plantean una pintura atemporal, independiente de categorías vanguardistas”.

"Chapapote"
 

 


FUENTES

Catálogo exposición de José Marchá en las salas provinciales de la diputación de Jaén. Jaén, Diputación, 1999.

lunes, 20 de enero de 2014

BERNARDO ESTEPA LLAURENS

(1929 – 2014)


Profesor de primaria, flamencólogo.


Se nos ha ido don Bernardo, otro puntal de la Andújar eterna, de aquella que algunos añoramos porque evoca una ciudad de paredes encaladas, calles pedregosas y balcones henchidos de verbenas y gitanillas. Todo lo típica que se quiera, pero con un encanto sin igual. También una Andújar con gañanes y señoritos, con esa fatuidad que criticó Machado (Antonio), pero con el sortilegio del enamoramiento a la luz de la luna y el vapor de la manzanilla penetrando con regusto en el gaznate y en el alma que cantara el otro Machado (Manuel).

Pero no nos desviemos. O quizás, no lo estamos haciendo. Lo que ocurre es que me resulta difícil glosar la figura de Bernardo Estepa Llaurens fallecido apenas unos días (el cuatro de enero, para ser más exactos), y olvidar a aquel señor tan serio e importante que presidía muchas de las conferencias impartidas en el hoy salón de actos “Juan Machado Grima” (otro Machado, este, de alguna forma, más nuestro) y que, un buen día, sin conocerme de nada, me saludó y me invitó a seguir acudiendo a la casa de cultura para oír a Enrique Gómez, a Juan Vicente Córcoles, a José Domínguez..., a todos aquellos que me incitaron a conocer más y mejor a Andújar. Me emocionó, todo hay que decirlo, que don Bernardo, el maestro, el amante del flamenco, el romero, el concejal, saludara a este chaval de la calle Colladas. Después, el destino me hizo trabar cierta relación con él y degustar su habla reposada y sus conocimientos sobre la ciudad que a los dos nos cobijaba... con sus luces y sus sombras.

Escribía hace unos días en el Ideal Alfredo Ybarra lo siguiente: “La historia de los pueblos se acuña con la vida de sus personajes, especialmente de algunos que son los que mueven timón y manejan aparejo en su  travesía en el tiempo”. Palabras elocuentes referidas a nuestro biografiado, a alguien que ha conformado en silencio y sin estridencias buena parte de lo que hoy es Andújar. 


Tomado de: Mirando al santuario.

Nació un 13 de febrero de 1929, en el seno de una familia que no necesita presentación, familia que se vio abocada a la supervivencia cuando los avatares de la posguerra se cebó con ella, pero que salió a flote gracias al coraje de su madre. Tiempo habrá, más adelante, de glosar la vida y obra de otros miembros de esta progenie que destacó en la enseñanza, el compromiso político y la religión. Cursó estudios de Magisterio en León, cuyo título obtuvo en 1947, aunque ya antes se había iniciado en el oficio de enseñante, merced a la escuela que regentaba su familia. Tras aprobar la oposición a maestro nacional, su primer destino fue Bélmez, en Córdoba. Solicitó excedencia de su plaza y volvió a ingresar en 1965, en el colegio “Capitán Cortés” de Andújar. Al año siguiente lo envían a La Quintería y durante otros cinco años lo tenemos en la escuela de Llanos del Sotillo. En 1972 vuelve a Andújar, al “Capitán Cortés” de niños que con posterioridad recibiría la denominación de Francisco Estepa (su hermano). Desde que reingresó en 1965, cerró el Colegio privado de la familia que se llamaba “San José de la Montaña”, y mantuvo la academia para alumnos de Bachillerato.

Otra faceta suya fue la de la vida política, en la que se inició en 1979, al ser elegido concejal por la lista de U.C.D. al ayuntamiento de Andújar. Recordaba Bernardo aquella experiencia con gran placer, ya que se trató del primer consistorio democrático de la historia reciente de nuestro país, y las tareas municipales se repartieron entre los distintos concejales, sin tener muy en cuenta la filiación política de cada uno. Algo impensable en la actualidad, por supuesto. En 1983, al terminar la legislatura, también terminó su andadura por la política local.

Se dedicó, sobre todo, con pasión, al flamenco, siendo cofundador de la peña de Andújar (“Los Romeros”) y presidente honorario de la misma. Desde la peña dio impulso a varios festivales flamencos: “Primavera flamenca”, “Gazpacho flamenco”, “Pregón flamenco de Navidad”, “Semana de estudios flamencos”, “Misa flamenca en el santuario” (siendo puntual cronista de este acto en el correspondiente número de Mirando al santuario). Fue defensor a ultranza de los cantaores locales y aún lo recuerda un servidor acudiendo con “El Sillero” a uno de los balcones de la calle Ollerías para se dejaran sentir unas saetas en la salida de las Angustias. En 1994, su peña le dedicó un sentido homenaje, el 18 de junio, con la intervención, entre otros, de Carmen de la Jara, Andrés Lozano y “El Pecas”. 

Misa flamenca en el santuario (año 2000).
Tomado de: Mirando al santuario.

 

Cuando por motivos de edad y salud tuvo que desplazarse a San Fernando (ciudad en la que ha fallecido) allí siguió su pasión por el flamenco, al contactar con las peñas de la zona y formar parte, incluso, de jurados como el del VII concurso nacional “Memorial Camarón” que ganó Esteban Guerrero “Caracolillo”.

Don Bernardo también destacaba por su imponderable hacia la Morenita. Para conocer al detalle su vertiente romera, es de obligada lectura el artículo publicado por Enrique Gómez en Mirando al santuario, donde apunta el cronista de la ciudad que Bernardo, además de ser recordado por esa estampa suya subiendo en mulo los sábados de romería, llegó a ser vicesecretario de la Cofradía y Maese de Paje, amén de cofundador de los caballeros servidores. 

Tomado de: Mirando al santuario.
 

Su verbo suelto y acariciador se dejó sentir en el pregón de las fiestas de la Virgen de la Cabeza de Rute de 1991 y en las cruces de mayo de 1992. Nos ha legado, además, artículos en publicaciones como El Nuevo Guadalquivir, diario Jaén, Candil, El Olivo, Mirando al santuario..., y el trabajo de investigación “La devoción a la Virgen de la Cabeza en la poesía popular”, inserto en las Actas de la III asamblea de estudios marianos (1987).

Estuvo casado con Isabel Córcoles Aldehuela, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos. Como recordaba el periodista que glosaba su vida en el Ideal digital de hace unos días, el próximo 31 de enero se celebrará en la iglesia de Santa María un funeral flamenco que será el mejor de los homenajes que se le pueda dar: a la vera de su primera residencia, en la calle Alférez Moreno; junto a la Virgen de la Cabeza, orlada con la pintura de su amigo Luis Aldehuela; frontero al colegio que lleva el nombre de su hermano y donde él mismo impartió docencia; orando a Dios por su alma al son del cante jondo que tanto amó...


Quiero agradecer a su hijo, Vicente, que me ha proporcionado valiosos datos biográficos, y a Pilar, su hermana y amiga mía, que ha servido de vínculo entre ambos.


FUENTES:

CABALLERO VENZALÁ, Manuel; Diccionario bio-bibliográfico del Santo Reino, Jaén, Diputación provincial, 1989. Tomo III.

GÓMEZ MARTÍNEZ, Enrique; “Galería de personajes romeros: Bernardo Estepa Llaurens”, Mirando al santuario, 12, (1998), 14-15.

VALERA ESPINOSA, Rafael; “Homenaje a Bernardo Estepa”, Jaén, 03.07.1994; pág. 50/XIV.

sábado, 14 de diciembre de 2013

FRANCISCO TERRONES DEL CAÑO

(1551 – 1613)

Publicado por Maudilio Moreno
en el blog de la Cofradía de la Veracruz
(http://veracruzandujar.blogspot.com.es
/2013/07/la-efigie-de-don-francisco-terrones-del.html)



Prelado. Predicador real.

No podíamos despedir este 2013 sin referirnos a este andujareño de mente tan preclara y verbo prodigioso, de cuyo fallecimiento se cumplen ahora cuatro siglos. Alcanzó don Francisco Terrones Robles Aguilar del Caño el reconocimiento general de su tiempo entre las gentes ilustres (incluyéndose aquí tanto el rey Felipe II como el papa Pío V), como también el cariño de sus paisanos, dado que fue el príncipal impulsor de que Andújar recuperara parte de su supuesto pasado con la llegada en 1597 de la reliquia de San Eufrasio.

Nació en 1551 en el barrio de San Bartolomé. Por parte de padre descendía de los Robles del Infantado del Torío (León) y su bisabuelo, el capitán Juan de Robles, fue el que concertó la toma de Málaga por los Reyes Católicos. La rama materna de los Caño se encontraba entre lo más ilustre del patriciado local. En 1564 inició estudios en la Universidad de Baeza, culminándolos en Salamanca, donde se doctoró en Teología. Influencia decisiva en sus estudios tuvo su tío, don Juan del Caño, al cual visita en León en el año 1569. En 1572 ya está en el colegio de Santa Catalina de Granada como catedrático de Teología Escolástica. 

Torre de S. Bartolomé de Andújar


Pero, a la par que va incrementando su sabiduría, debe cumplir con su deber de sacerdote y regenta dos parroquias en las cercanías de Madrid. No obstante, inclinado por la enseñanza, gana por oposición la cátedra de Escritura en Baeza. Su futuro más inmediato va a estar, de nuevo, unido a Granada de cuya iglesia mayor es nombrado canónigo de Sagrada Escritura en 1587. Un año después surgirá la disquisición acerca de la veracidad o no de los pergaminos y supuestas reliquias encontradas en el Sacromonte, hecho en el cual nuestro Terrones tendrá un papel relevante. Se le encomienda que acuda a la corte para llevar una copia del manuscrito y que allí sea analizado por expertos. No obstante, el inquieto andujareño, no es tan solo emisario sino que parece estar detrás de cierto escrito donde se pone en duda la autenticidad de las reliquias, por lo cual es amonestado. Gracias a esa visita a la capital del reino, llega a conocimiento del rey Felipe II la prudencia y el celo de Terrones y, ante todo, su facilidad para la disertación. Con gran rapidez, el rey lo nombra su predicador personal, cargo que ostentará hasta 1601.

A partir de ese momento, Terrones debe alternar su puesto en la corte con su cargo eclesiástico en la catedral de Granada, de cuyo arzobispado es nombrado contador y visitador en 1593. Más adelante consigue el cargo de magistral y también abad mayor de Aracena, pero requerido de continuo por Felipe II se traslada definitivamente a Madrid. De esa etapa como predicador real los autores contemporáneos a Terrones han dejado escritas famosas frases que ponderan al gran orador que fue: el mismo rey lo elogiaba diciendo que sabía escoger para cada concepto un vocablo, pero que era siempre el más idóneo; doña Margarita de Austria se refería a él como “mi predicador, el mi Terrón”; y parece que se debe a la infanta Isabel Clara Eugenia aquel famoso “Terrones, ni se cansa ni nos cansa”, que alguien quiso referir de otro predicador real.

Estatua orante de F. Terrones


Sobre 1596, ya fallecido su tío Juan del Caño (que postuló la relación entre Andújar y la antigua ciudad romana de Iliturgi), conoce de la existencia en Galicia de una tumba donde se venera a San Eufrasio, primer obispo de Iliturgi. Inicia las gestiones para que una reliquia sea trasladada a Andújar, a la iglesia que se erige junto al convento de padres trinitarios (en la actual plaza del Cámping). El 15 de mayo de 1597 uno de sus portentosos sermones lo dedica a este hecho, predicación que tiene lugar en San Bartolomé, su parroquia, de donde saldrá la reliquia en procesión hasta el templo de San Eufrasio. Su hermano, Mauro Terrones, también tendrá un papel determinante en la consecución de este objetivo. Dicho sermón se conserva gracias a que Antonio Terrones Robles (sobrino de Francisco Terrones) lo incluyó en la obra que glosa la relación entre San Eufrasio y Andújar, y habla de aquellas jornadas tan señeras para la vida religiosa de la ciudad.

La mayor parte de sus sermones se perdieron tras su muerte. Tan solo han llegado a nuestros días, amén del ya citado sobre San Eufrasio, el que dedicó a la muerte de la infanta dona Catalina y el de las honras fúnebres del propio rey Felipe II (1598). Cuenta el que fue su principal biógrafo (su hermano, el franciscano y también orador Juan Terrones) que en numerosas ocasiones predicó en las estancias privadas de los miembros de la familia real, en especial del rey, cuando este, impedido por la gota, ya no podía acudir a la capilla de palacio. Este hecho motivó que en 1995 Ricardo de la Cierva publicara la novela Yo, Felipe II: las confesiones del rey al doctor Terrones.



Fallecido Felipe II, su principal valedor, la estrella de Terrones se irá eclipsando poco a poco. No obstante, Felipe III sigue valorando su sapiencia y lo nombra miembro del Consejo de Indias en 1600. Un año después, sin embargo, deja la corte para hacerse cargo de la diócesis gallega de Tuy. Allí se ocupará de organizar las distintas parroquias (a las que gira visita pastoral a lo largo de dos años), encargará una reja para proteger el sepulcro de San Eufrasio en Nuestra Señora de Valdemao (Lugo) y también deberá dar cristiana sepultura en la propia catedral de Tuy a su hermano fray Mauro.

De 1605 data una carta enviada a su sobrino Alonso del Caño (catedrático de la Universidad de Salamanca) donde le aconseja cómo predicar. Este parece ser el punto de partida de su famosísima Instrucción de predicadores, uno de los más celebrados ensayos publicados en el siglo XVII en España acerca del poder de la oratoria, y que vio la luz tras su muerte por su hermano Juan, en el año 1617. Tal era su fama de gran orador, que habiéndolo oído predicar el propio papa Paulo V le otorgó el privilegio de bendecir más de doscientas imágenes, cruces o medallas. 



En 1607 se le concede el patronazgo de la capilla mayor de San Bartolomé de Andújar, donde será enterrado años después y cuyo espacio enriquecerá con un retablo, desgraciadamente desaparecido. También costeó otras obras de envergadura en la que había sido su parroquia.

Un año más tarde, en 1608 es nombrado obispo de León. Se dedica con celo a cuidar de su nueva grey, sin abandonar su vocación oratoria, y así predica con motivo del fallecimiento de la reina Margarita de Austria. En León llegó a celebrar siete sínodos y suprimió varias fiestas religiosas, ya que el exceso de las mismas estaba empobreciendo a la diócesis, que vivió acuciada por los deudores más allá de la muerte de Terrones.

Y esta, la muerte, le sorprende a nuestro paisano un trece de febrero (o marzo) de 1613 en Villalón (Valladolid). Fue enterrado en el convento de los agustinos de Mansilla de las Mulas (Leon). El 16 de abril de ese mismo año se celebraron en su memoria los funerales en el convento de las descalzas de Zamora [tenía Terrones gran relación con las tierras zamoranas, adonde iba con frecuencia a descansar], predicando su hermano Juan.

Sobre 1651 hay constancia que su cuerpo ya descansaba en San Bartolomé, junto al de sus hermanos Lorenzo y Antonio, sepulcro que fue profanado en los hechos aciagos de 1936. De su túmulo funerario, tan solo se conserva su urna en piedra, un busto decapitado y la inscripción que aún puede leerse en uno de los muros de la capilla mayor. 



Su obra ha sido recuperada no hace muchos años en una cuidada edición a cargo de Francisco Javier Fuente Fernández (León, 2001). 

El ayuntamiento rotuló una calle de escaso tránsito y relevancia con su nombre. Pido desde aquí que se busque otro lugar en el callejero de Andújar (aunque, por favor, sin sacrificar ninguna denominación sancionada por la tradición) para recordar a este andujareño inmortal. 


FUENTES:


FUENTE FERNÁNDEZ, Francisco Javier; Estudio introductorio de TERRONES DEL CAÑO, Francisco; Obras completas. León, Universidad, 2001. Colección Humanistas españoles, 22.

GALIANO PUY, Rafael, “Biografía del doctor don Francisco Terrones del Caño, predicador real y obispo que fue de Tuy y de León”, BIEG, 183, (2003), págs. 207-255.

GONZÁLEZ OLMEDO, P. Félix; Prólogo a TERRONES DEL CAÑO, Don Francisco; Instrucción de predicadores. Madrid, Espasa-Calpe, 1960. Clásicos castellanos, 126.

PALOMINO LEÓN, Jesús Ángel; “La tumba de don Francisco Terrones y retablo de capuchinos: nuestro patrimonio más desconocido”, Andújar Press, enero-febrero 1996, pág. 21.

PIÑERO JIMÉNEZ, Francisco; Giennenses ilustres. Jaén, 1959. Tomo II; págs. 143-146.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación Provincial, 1996.

http://veracruzandujar.blogspot.com.es/2013/07/la-efigie-de-don-francisco-terrones-del.html (Interesante artículo de Maudilio Moreno donde se refleja la vinculación de Terrones con la parroquia de San Bartolomé y la Cofradía de la Veracruz).



martes, 19 de noviembre de 2013

CONCEPCIÓN MÁRMOL TRIGO

(1874 – 1962)








Benefactora social, escritora.

No podía terminar este 2013 sin que me hiciera eco en el blog del cincuentenario de la creación del colegio La Salle de Andújar, sobre todo después de que el pasado sábado 16 los antiguos alumnos de varias promociones nos diéramos cita de nuevo al amparo de aquellos muros que nos vieron crecer en sabiduría. Desde 1963, más de cuatro mil alumnos y alumnas han pasado por sus aulas, correteado por el patio y asistido a funciones religiosas en la capilla de la Inmaculada. Pero todo esto no hubiera existido de no haber sido por la munificencia de las hermanas Carmen y Concha Mármol. Herederas de la fortuna de la marquesa de Santa Rita y condesa de Gracia Real, doña María Agustina Pérez de Vargas y Pérez de Vargas, destinaron gran parte de ese legado para que se constituyese el patronato “Inmaculada Concepción”, germen del actual colegio que fue regido desde el principio por los Hermanos de las Escuelas Cristianas. 

Fachada de la capilla Inmaculada Concepción
(www.retabloceramico.com)

Nadie mejor que Francisco Fuentes Chamocho (don Francisco, para aquellos que recibimos su magisterio en primero de la antigua E.G.B.) para que nos guíe por la vida y obra de Concha Mármol. Nos contaba mi antiguo maestro de formación básica en el libro que conmemoraba el veinticinco aniversario de esta institución que nuestra biografiada vino al mundo en el seno de una familia humilde. Entró a servir en casa de la marquesa como costurera. Contrajo matrimonio con Antonio Vallejo Garrote, y que no tendría descendencia. Durante el periodo anterior a la conflagración bélica, la figura de Concha Mármol nos evoca aquellos años donde la religiosidad no siempre se engarzaba con el ambiente de penuria social y reivindicaciones laborales. Al amparo de su señora, Concha vería cómo esta erigiría la nueva capilla de la Virgen de la Cabeza y cómo se convertirían en puntales básicos de la vida religiosa en la ciudad. Colaboró Concha hondamente en la preparación de los fastos del VII centenario de la aparición de la Virgen de la Cabeza, sobre todo desde la revista Mirando al santuario que desde 1922 hasta 1935 serviría de canal de comunicación de todo aquello que en materia eclesiástica se promoviera en Andújar. Las crónicas de aquellas gozosas jornadas fueron recopiladas después en álbumes que costeó la propia condesa de Gracia Real.

Concha Mármol en su juventud
(foto cedida por Ana Vallejo para el libro
conmemorativo del 25º aniversario)

Pero siguiendo el ejemplo de doña Agustina, quien a su muerte (también sin descendientes) legó todo su inmenso patrimonio tanto a sus damas de compañía como a la creación de instituciones de carácter benéfico-social, Carmen y Concha siempre desearon que parte de esa herencia se empleara en la enseñanza de niños pobres de su ciudad. Por desgracia ninguna de las dos vio cumplido ese objetivo, aunque a punto estuvo de alcanzarlo en vida Concha quien falleció un 27 de diciembre de 1962, meses antes de que las obras del colegio estuvieran concluidas y se impartieran las primeras clases.

Primera promoción de alumnos de La Salle de Andújar (1963)
(publicada en el libro del XXV aniversario)

El amor hacia la Virgen de la Cabeza quedó patente en la revista ya mencionada y en cómo colaboró tras la guerra en la reconstrucción del santuario, en especial donando parte de los retablos que hoy podemos seguir admirando: Sagrado Corazón, San Antonio de Padua, Santísima Trinidad, etc. Pero su contribución más destacada fue la del templete para la procesión de abril (1957) y la restauración de la jaula procesional del siglo XVI (1960). Ya antes de la guerra tanto ella como su hermana Carmen habían sufragado uno de los misterios del Rosario Monumental. La Cofradía Matriz la nombró camarera perpetua.

No solo realizó aportaciones económicas al santuario de Sierra Morena, sino que también fue la donante del retablo que tallara Palma Burgos para la capilla mayor de San Miguel (1948) y del Cristo de la Columna de San Bartolomé, uno de los titulares de la cofradía de la Veracruz.
 
 
(Tomado de la web de la asociación española de pintores y escultores)

 

También se habla de su afición a la pintura y de que algunos lienzos fueron donados al santuario para ser colocados en los arcos laterales de la iglesia. Se comenta que en este campo artístico recibía el sabio consejo del maestro Herrera. Incluso en la revista Don Lope de Sosa se destaca que un cuadro suyo, representado a la Divina Pastora, se expuso en el pabellón de Jaén de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. También participó en el quinto salón de la Asociación española de pintores y escultores, celebrado en 1924, con la obra "La pastorcita en Sierra Morena".

Más conocida es su faceta como escritora, tanto en prensa (artículos como “La mujer social”, “Páginas escogidas” o “La bella Iliturgi, cuna de santos”) como en la publicación de relatos: La huerfanita Norberta (1924), La cabaña y el zagal (1927), La imagen soñada (1929), , El hogar clásico, El niño perdido, Por esos mundos, Mujeres de antaño, etc.

Portada de una de sus novelas
Firma autógrafa de Concha Mármol

Su entrega a la causa religiosa y también social fue recompensada, de alguna forma, al dedicarle su pueblo una calle en el año 1989. A ese reconocimiento se sumó no hace mucho la rotulación de otra vía urbana con el nombre de “Hermanos de La Salle”.

Lápida conmemorativa del XXV aniversario de la creación del colegio

Sirva esta humilde aportación como agradecimiento por los años que pasé en ese colegio y de todo aquello que me aportaron sus maestros, a los que recuerdo con nostalgia y cariño.


FUENTES:
 
BARREDA PÉREZ, Mª. Dolores; "Las primeras artistas de la Asociación española de pintores y escultores". pintoresyescultores.es (31.05.2023). 

FUENTES CHAMOCHO, Francisco; Colegio Inmaculada Concepción “La Salle” Andújar (Jaén). XXV años de historia. Andújar, comunidad educativa “La Salle”, 1989.

Revista Don Lope de Sosa: 1928, pág. 191; 1929, pág. 159 y 328-335. 
 
 






miércoles, 16 de octubre de 2013

JUAN RUIZ DE LA CRUZ
(SIGLO XV)


Ceramista.

Triunfa los lunes en las noches de la 1 la serie Isabel, lo cual me complace por doble motivo: porque la historia llame la atención de tantos telespectadores y porque se trata de un muy cuidado producto nacional. En esta segunda temporada vamos a asistir a la caída del reino nazarí de Granada, lo que supondrá una recomposición del mapa peninsular y la unificación religiosa en los reinos hispanos. Pues bien, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid o, si prefieren, el Darro y el Genil por la ciudad de los cármenes, me permito en este mes de octubre recordar a un andujeño que tuvo su parte de protagonismo tras la caída de Granada. No me estoy refiriendo a ningún militar que acompañara a Gonzalo Fernández de Córdoba en esos días de vigilia castrense en el campamento (después ciudad) de Santa Fe, ni a ninguno de los jurisconsultos y eclesiásticos de los que se supieron rodear Isabel y Fernando, no: Juan Ruiz de la Cruz fue un maestro ceramista que vivió en las postrimerías del siglo XV a quien le fueron encargados varios trabajos para la recién conquistada fortaleza de Boabdil.

La inconfundible silueta de la Alhambra (De Wikipedia)

Hace ya bastantes años, Pedro Galera nos descubrió la existencia de este artesano que, junto con el jienense Antón Jiménez, trabajó en la decoración de algunas estancias de la Alhambra entre 1492 y 1499, especialmente los baños del palacio de Comares. En fecha más próxima, la investigadora Elena Díez se pregunta acerca del origen de dichos alicatados (¿islámicos o cristianos?) y acudiendo a documentación fiable se percata de que se encargó la decoración de algunas dependencias a maestros de Jaén y Sevilla, seguramente por desconocimiento o desconfianza de los autóctonos maestros granadinos: “Sobre estos maestros foráneos a Granada los datos son muy claros ya que hacen referencia a Antón Jiménez, maestro de azulejos y vecino de Jaén, así como a Juan Ruiz de la Cruz, vecino de Andújar. Los encargos son realizados entre 1497 y 1499 y se trata de azulejos de lazo sin especificar más que son para las casas reales y varas de azulejos para la sala de quadras en el palacio de los leones”. Los legajos custodiados en el archivo de Simancas dejan patente que se pagó a Juan Ruiz la cantidad de 2530 maravedís por doce varas de azulejos que venían desde Andújar, pago que se realizó un 23 de octubre de 1497. Un año después hay otro pago por azulejos para las casas reales. 

Baños de Comares en la Alhambra
(www.alhambradegranada.org)
 

Lo que evidencia todo esto es que Andújar tenía prestancia como centro ceramista en el sur peninsular. También deja patente el cuidado que pusieron los Reyes Católicos en adecentar el conjunto de la Alhambra con obras de mejora que se prolongaron después, a lo largo de todo el siglo XVI, por parte de sus descendientes y que pusieron especial cuidado justamente en el apartado de la azulejería. 

Decoración en azulejos (tomado del estudio
de Elena Díaz Jorge, pág. 37)
 
No termina aquí la participación andujareña en este episodio discreto de la Reconquista, aunque importante desde el punto de vista estético. Lucio Marineo Sículo en De las cosas memorables de España (1539) destacaba cómo otros paisanos nuestros participaron en la construcción de Santa Fe. Así se pone de manifiesto en un trabajo conjunto acerca del Museo de las capitulaciones de Granada, donde se explica que los reyes encargaron la factura [de la construcción de Santa Fe] a distintas ciudades que habían acudido a la contienda: “Porque [y a partir de aquí se cita textualmente a Sículo] más brevemente se edificase, sus altezas encomendaron y dieron encargo de la obra a las gentes de las ciudades de Sevilla, Córdoba, Jaén, Écija y Úbeda, Carmona, Xerez y Andújar, que son las principales de Andaluzía”.


Santa Fe (antcastillog.blogspot.com.es)
 

Así, pues, cuando acudamos a contemplar el hermoso legado de siglos que constituye ese patrimonio tan preciado como es la Alhambra, hay que reconocer en algunos primores de lacería en barro cocido y sabiamente policromados la mano de un andujareño perdido en las brumas del tiempo.



FUENTES:


DÍEZ JORGE, Elena; “Los alicatados del baño de Comares de la Alhambra, ¿islámicos o cristianos?”, Archivo español de Arte, LXXX, 317, (2007), pp. 25-43.

GALERA ANDREU, Pedro; “Acerca de algunos andujareños relacionados con las Bellas Artes”, Estudios de historia de Andújar. Andújar, Ayuntamiento, 1984; pp. 81-85.

MARTÍNEZ CUMPLIDO, Gloria et alii; Museo de las capitulaciones e interpretación de la Guerra de Granada. Proyecto IV edición Máster de Museología. Granada, Universidad, 2009.








lunes, 23 de septiembre de 2013

EL VERANO SE FUE...



Y con él la vida de dos andujareños cuyas biografías no serán glosadas en ninguna enciclopedia, pero de cuya existencia nos queremos hacer eco en este blog.

Este mosaico que compongo poco a poco está plagado de grandes nombres, ligados al arte, la milicia, la política, el deporte... Nos sentimos en sintonía con ellos pues son hijos e hijas de esta tierra que, en muchos casos, gracias a su fama, han puesto a Andújar en el mapa y nos enorgullecemos de que hayan nacido en esta tierra. Quiero hoy rendir tributo también a esas otras vidas más discretas, pero que han tenido su hueco en el devenir de la ciudad. Sé que cabría hablar de otras vidas igualmente importantes para nuestra intrahistoria. Tiempo habrá de ello y este bloguero sigue estando abierto a colaboraciones, puntualizaciones y correcciones de todo tipo. 

La plaza Vieja en una fotografía de los años cincuenta.


El verano (decía más arriba) ha supuesto la despedida de Francisco Ruano Manchón (Paco Ruano), el albardonero de la plaza Vieja. Aún recuerdo su taller, en esa esquina con la calle La Plaza que, milagrosamente, ha permanecido inalterado frente al empuje del hormigón. Recuerdo esas paredes cubiertas con buenas muestras de su buen hacer artesanal. Albardoneros y talabarteros, oficios ya del pasado, han tenido en Andújar buenos representantes y, aunque el oficio decline, por lo menos en el callejero de la ciudad se les rinde tributo, de alguna forma. En la persona de este enjaezador de caballerías quiero proclamar mi respeto por los artesanos de Andújar, herederos de viejos usos y depositarios de saberes ancestrales. ¡Qué bueno sería un museo de artes y costumbres donde, al menos, ya que los oficios desaparezcan no lo haga el resultado de tantos años de trabajo!
Hay que indicar que el Ayuntamiento le rindió un homenaje en la entrega de los premios Andújar Emprende el pasado mes de febrero. Remitimos también al blog del fotógrafo Enrique Moya donde aparecen unas instantáneas que ya son joyas etnológicas: http://enriquemoyafotografia.blogspot.com.es/2013/01/francisco-ruano-manchon-albardonero.html


(degustajaen.com)


Igualmente queremos citar la desaparición de Alfonso Rivillas Jurado. Decir su nombre es evocar, rápidamente, a los licores Riska, una marca que, con tesón y empeño, se ha hecho un hueco en el sector. Decía Alfredo Ybarra en el artículo publicado en Ideal tras su fallecimiento, que encontrarse una botella de Riska fuera de Andújar es motivo de satisfacción, de orgullo de terruño (http://andujar.ideal.es/opinion/2915-alfredo-ybarra). Tiene razón Alfredo, y es aún mayor cuando reconocimos hace años publicitada la marca en la serie de televisión Aquí no hay quien viva. Detrás de todo esto, a buen seguro, solo podía hallarse la mente de un emprendedor, de esos que tanta falta nos hace para superar estos malos tragos por los que estamos pasando. Nos queda su legado, que no es poco, en una ciudad donde, a ojos vista, se va desintegrando su tejido industrial y comercial. Para el curioso, invito a visitar la página de la empresa: http://www.licoresriska.com.

Descansad en paz.












domingo, 25 de agosto de 2013

FRAY MARTÍN DE LA ASUNCIÓN
(S. XVI - XVII)



Fraile carmelita.

Andújar tuvo su Carmen, recoleto convento enclavado en el corazón mismo de la ciudad medieval. Cuentan las crónicas que a punto estuvieron de acompañar a la Morenita en su aislamiento serrano, pero quiso el destino que al final terminaran tras la casa del Concejo, en un espacio bastante reducido para lo que eran las fundaciones conventuales de antaño. Y allí permanecieron hasta los aciagos tiempos de la desamortización. De aquello nos ha quedado un topónimo en nuestro callejero, los restos de la iglesia enmascarados en lo que fue hasta hace unos años célebre salón de bodas, y varias advocaciones de Pasión, amén del culto a la Virgen del Carmen capitalizado hoy por el grupo parroquial que le sigue rindiendo pleitesía en la parroquia de la Lagunilla. 


Lugar donde estuvo enclavado el convento del Carmen

Pero además, merced a una de las esposas del conde de La Quintería (me refiero a don Rafael), personaje del que habrá que hablar por extenso en otra entrada, tenemos en Andújar esa joyita de valor incalculable, cual es la colección de aforismos de San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor. Esta obra se mantuvo durante algunas décadas en el retablo del Cristo de la Paciencia (otra advocación que nos ha legado el Carmen andujareño) y ahora se custodia con las debidas medidas de seguridad en la propia iglesia de Santa María. No en vano es, según los expertos, el único manuscrito de San Juan del que puede asegurarse estar escrito de su puño y letra.

Pues bien, todos estos prolegómenos nos llevan a presentar hoy a un fraile carmelita, compañero de fatigas del santo que, al parecer era de Andújar. Así, por lo menos, se asevera en el estudio que acompaña a la edición facsímil de los Dichos de 1979. De él se dice que fue novicio del propio Juan de Yepes, amigo suyo y compañero de viaje en su deambular por Andalucía. En la Historia del venerable padre Fray Juan de la Cruz, primer descalzo carmelita (Madrid, 1641) el autor, fray Jerónimo de San José, lo cita en varias pasajes de la obra y siempre destacando cierta complicidad entre los dos, como en aquella ocasión en que lo mandó de Córdoba a Sevilla con un grupo de novicios y fray Martín le pidió algo de dinero para el camino. San Juan le dijo que no era necesario, pues la Providencia de Dios proveería. Y así fue que realizaron el viaje sin ningún inconveniente y recibiendo limosnas por donde pasaban, de tal manera que cuando volvió fray Martín a Córdoba aún le sobraron trescientos reales que entregó al padre procurador, respondiéndole San Juan: “Más quisiera que volviera muy santo, con haber padecido menguas y trabajos, que tan proveído y sobrado sin merecerlo”. 

Relicario que guardó durante siglos el manuscrito de San Juan

Está junto a nuestro excelso místico en Guadalcázar (cerca de Córdoba) cuando enfermó gravemente, pero tranquiliza a fray Martín con estas palabras: “no es llegada la hora de mi muerte, aunque más digan los médicos; sí padeceré mucho en esta enfermedad, pero no moriré de ella, que no está bien labrada la piedra para edificio tan santo”. Se dice que allí, en Guadalcázar, fray Martín se quedó con la cadena-cilicio de San Juan y que la guardó como reliquia, atribuyéndose a ella la curación de un enfermo que, agradecido, se hizo carmelita. 

S. Juan de la Cruz

Son varios los testimonios de fray Martín en el proceso de beatificación que se inicia en 1627. Amén del milagro del cilicio, fray Martín aseguraba que el santo se le había aparecido en varias ocasiones cuando ya estaba en el convento de Andújar, favoreciéndolo con muchas mercedes. Hay una referencia muy clara respecto de la obra cumbre del místico, el Cántico espiritual: en los textos que sirven para otorgarle la categoría de beato se refiere lo siguiente: “por los caminos, cuando caminaba, le vido este testigo [en referencia a fray Martín] que iba cantando muchos himnos de Nuestra Señora y Salmos de David y versos de los Cantares”.

Queda, pues, en la nebulosa del pasado la vida de este humilde fraile cuya vinculación con una de las grandes personalidades de nuestra literatura y de la propia iglesia católica, parece que fue ciertamente relevante. Otro dato más para engrandecer el pasado carmelitano de Andujar.



FUENTES:

CRUZ, San Juan de la; Dichos de luz y amor. Códice de Andújar. Madrid, Editorial de Espiritualidad, 1979.

GONZÁLEZ SÁNCHEZ, Carlos Alberto, Grafías del imaginario: representaciones culturales en España y América. Madrid, FCE, 2003.

RAMOS ESPEJO, Antonio; Andaluzas, protagonistas a su pesar. Sevilla, Centro de estudios andaluces, 2010.

SAN JOSÉ, Fray Jerónimo de; Historia del venerable padre Fray Juan de la Cruz, primer descalzo carmelita. Madrid, 1641.