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martes, 8 de enero de 2013

ANTONIO TERRONES ROBLES
(Siglos XVI-XVII)





Historiador.

La historiografía local considera a nuestro personaje como el primer divulgador del pasado de Andújar, como su primer historiador. Pedro de Escavias no escribió acerca de la ciudad de la que fue alcaide y Juan del Caño, aunque presta servicios a la historia andujareña, no lo plasma en escritos concretos. Tras Antonio Terrones vendría Salcedo Olid, el cual, al parecer, usa materiales recopilados por Terrones. Durante varias décadas tan solo la Virgen de la Cabeza y su devoción parecen despertar el interés de los escritores, y al margen de reseñas históricas publicadas en revistas y álbumes fotográficos, habría que esperar al siglo XX para que, sobre todo, con Torres Laguna, los estudios históricos sobre Andújar adquirieran gran relieve. La siguiente generación, la de Enrique Gómez, Juan Vicente Córcoles, José Domínguez, Manuel Toribio, etc. generaría un indiscutible interés acerca del pasado de Andújar y de su herencia artística y antropológica, que haría surgir un nuevo grupo, en el que destacan Rafael Frías, Maudilio Moreno, Jesús Ángel Palomino o Rafael Casuso. La lista se podría complementar con investigadores que han centrado sus esfuerzos en campos concretos, como es el caso de José Cruz, Manuel Garzón, Juan Rubio, Francisco Manuel Carriscondo... 

Andújar en la época de Terrones (Grabado de Pier Maria Baldi)

Pero no sigamos enumerando a aquellos que siguen la estela de nuestro biografiado (al final, lamentaríamos algunos olvidos, ciertamente) y centrémonos en él. Nos cuenta Manuel Urbano que pocos datos se han logrado recopilar de Antonio Terrones. Debió nacer a finales del siglo XVI, pues ya en 1613 es caballero veinticuatro, y estaba avecindado en la calle Santa Marina. El ayuntamiento de Andújar le encomendaría, a lo largo de su vida, asuntos de gran importancia, lo que indica el prestigio que debió tener entre sus conciudadanos. Incluso allende las fronteras locales resolvió asuntos de cierta importancia, como la venta de unos terrenos en la localidad de Valdepeñas de Jaén. Durante varios trienios es teniente de corregidor y preside los cabildos en ausencia del corregidor. En total, se puede calcular que estuvo adscrito al ayuntamiento de su ciudad durante unos cincuenta años. Aventura también Manuel Urbano que quizás falleciera a consecuencia de la peste de 1660. Lo que sí sabemos de cierto es que se vio involucrado en las disputas que durante varias décadas enfrentarían a varias familias de Andújar, y así recibió una herida de espada de manos de don Antonio de Cárdenas el viernes 28 de febrero de 1632.

Portada edición de 1996
Fue sobrino del obispo Terrones, perteneciente, pues, a una familia de renombre de Andújar. Usa parte de la información que recibe de su tío y de Juan del Caño, ya que él mismo reconoce ser heredero intelectual de sus descubrimientos y desvelos por la historia de Andújar. Como antes hemos dicho, parte del material de Terrones (concretamente, el referido a la Virgen de la Cabeza) lo usaría después Salcedo Olid.
Tardó veinticinco años en publicar Vida, martirio, translación y milagros de San Eufrasio, Obispo y Patrón de Andújar, que vio la luz en Granada, en la Imprenta Real de Francisco Sánchez, el año de 1657. No queda claro el porqué de tan dilatada espera. Se apuntan dos posibles causas: problemas económicos (algo que parece extraño en personaje de tal alcurnia) o temor ante posibles censuras. Quizás sea esta explicación la más plausible, y estemos ante un autor detallista que no publica su obra hasta que no está satisfecho con su redacción. 

Terrones dedica el libro a su ciudad

Es lógico que se centre en la figura del mítico obispo de Iliturgi, pues San Eufrasio había ocupado parte de las investigaciones locales de Juan del Caño y el obispo Terrones fue el artífice de la traída a Andújar de la reliquia del santo varón apostólico. De hecho, se hace coincidir la edición de la obra con el aniversario de dicha traída.
Pero no solo se dedica la obra a glosar la relación entre San Eufrasio e Iliturgi (supuesto origen de la ciudad de Andújar), sino que el subtítulo informa acerca del resto del proyecto histórico de Terrones: Origen, antigüedad y excelencias de esta ciudad, privilegios de que goza, y varones insignes en santidad, letras y armas que ha tenido.
Es, pues, un vademécum, donde nos encontramos con el supuesto origen de la ciudad, y una recopilación de biografías de soldados y religiosos eminentes, tratados, lógicamente, con la admiración que da el paisanaje y con tono hagiográfico. La obra fue reeditada en facsímil por la diputación provincial en 1996 y se halla también a disposición de los internautas en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Afortunadamente, en este caso, la ciudad hace tiempo que le rinde tributo con el nombre de una calle: la que circunda el parque de San Eufrasio.



FUENTES:

BALANY, Elisabeth; Violencia civil en la Andalucía moderna (siglos XVI-XVII): familiares de la Inquisición y banderías locales. Sevilla, Universidad, 1999.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, martirio, translación y milagros de San Eufrasio... Jaén, Diputación, 1996. Prólogo de Manuel Urbano.

http://historia-valdepenas.blogspot.com.es/



sábado, 14 de diciembre de 2013

FRANCISCO TERRONES DEL CAÑO

(1551 – 1613)

Publicado por Maudilio Moreno
en el blog de la Cofradía de la Veracruz
(http://veracruzandujar.blogspot.com.es
/2013/07/la-efigie-de-don-francisco-terrones-del.html)



Prelado. Predicador real.

No podíamos despedir este 2013 sin referirnos a este andujareño de mente tan preclara y verbo prodigioso, de cuyo fallecimiento se cumplen ahora cuatro siglos. Alcanzó don Francisco Terrones Robles Aguilar del Caño el reconocimiento general de su tiempo entre las gentes ilustres (incluyéndose aquí tanto el rey Felipe II como el papa Pío V), como también el cariño de sus paisanos, dado que fue el príncipal impulsor de que Andújar recuperara parte de su supuesto pasado con la llegada en 1597 de la reliquia de San Eufrasio.

Nació en 1551 en el barrio de San Bartolomé. Por parte de padre descendía de los Robles del Infantado del Torío (León) y su bisabuelo, el capitán Juan de Robles, fue el que concertó la toma de Málaga por los Reyes Católicos. La rama materna de los Caño se encontraba entre lo más ilustre del patriciado local. En 1564 inició estudios en la Universidad de Baeza, culminándolos en Salamanca, donde se doctoró en Teología. Influencia decisiva en sus estudios tuvo su tío, don Juan del Caño, al cual visita en León en el año 1569. En 1572 ya está en el colegio de Santa Catalina de Granada como catedrático de Teología Escolástica. 

Torre de S. Bartolomé de Andújar


Pero, a la par que va incrementando su sabiduría, debe cumplir con su deber de sacerdote y regenta dos parroquias en las cercanías de Madrid. No obstante, inclinado por la enseñanza, gana por oposición la cátedra de Escritura en Baeza. Su futuro más inmediato va a estar, de nuevo, unido a Granada de cuya iglesia mayor es nombrado canónigo de Sagrada Escritura en 1587. Un año después surgirá la disquisición acerca de la veracidad o no de los pergaminos y supuestas reliquias encontradas en el Sacromonte, hecho en el cual nuestro Terrones tendrá un papel relevante. Se le encomienda que acuda a la corte para llevar una copia del manuscrito y que allí sea analizado por expertos. No obstante, el inquieto andujareño, no es tan solo emisario sino que parece estar detrás de cierto escrito donde se pone en duda la autenticidad de las reliquias, por lo cual es amonestado. Gracias a esa visita a la capital del reino, llega a conocimiento del rey Felipe II la prudencia y el celo de Terrones y, ante todo, su facilidad para la disertación. Con gran rapidez, el rey lo nombra su predicador personal, cargo que ostentará hasta 1601.

A partir de ese momento, Terrones debe alternar su puesto en la corte con su cargo eclesiástico en la catedral de Granada, de cuyo arzobispado es nombrado contador y visitador en 1593. Más adelante consigue el cargo de magistral y también abad mayor de Aracena, pero requerido de continuo por Felipe II se traslada definitivamente a Madrid. De esa etapa como predicador real los autores contemporáneos a Terrones han dejado escritas famosas frases que ponderan al gran orador que fue: el mismo rey lo elogiaba diciendo que sabía escoger para cada concepto un vocablo, pero que era siempre el más idóneo; doña Margarita de Austria se refería a él como “mi predicador, el mi Terrón”; y parece que se debe a la infanta Isabel Clara Eugenia aquel famoso “Terrones, ni se cansa ni nos cansa”, que alguien quiso referir de otro predicador real.

Estatua orante de F. Terrones


Sobre 1596, ya fallecido su tío Juan del Caño (que postuló la relación entre Andújar y la antigua ciudad romana de Iliturgi), conoce de la existencia en Galicia de una tumba donde se venera a San Eufrasio, primer obispo de Iliturgi. Inicia las gestiones para que una reliquia sea trasladada a Andújar, a la iglesia que se erige junto al convento de padres trinitarios (en la actual plaza del Cámping). El 15 de mayo de 1597 uno de sus portentosos sermones lo dedica a este hecho, predicación que tiene lugar en San Bartolomé, su parroquia, de donde saldrá la reliquia en procesión hasta el templo de San Eufrasio. Su hermano, Mauro Terrones, también tendrá un papel determinante en la consecución de este objetivo. Dicho sermón se conserva gracias a que Antonio Terrones Robles (sobrino de Francisco Terrones) lo incluyó en la obra que glosa la relación entre San Eufrasio y Andújar, y habla de aquellas jornadas tan señeras para la vida religiosa de la ciudad.

La mayor parte de sus sermones se perdieron tras su muerte. Tan solo han llegado a nuestros días, amén del ya citado sobre San Eufrasio, el que dedicó a la muerte de la infanta dona Catalina y el de las honras fúnebres del propio rey Felipe II (1598). Cuenta el que fue su principal biógrafo (su hermano, el franciscano y también orador Juan Terrones) que en numerosas ocasiones predicó en las estancias privadas de los miembros de la familia real, en especial del rey, cuando este, impedido por la gota, ya no podía acudir a la capilla de palacio. Este hecho motivó que en 1995 Ricardo de la Cierva publicara la novela Yo, Felipe II: las confesiones del rey al doctor Terrones.



Fallecido Felipe II, su principal valedor, la estrella de Terrones se irá eclipsando poco a poco. No obstante, Felipe III sigue valorando su sapiencia y lo nombra miembro del Consejo de Indias en 1600. Un año después, sin embargo, deja la corte para hacerse cargo de la diócesis gallega de Tuy. Allí se ocupará de organizar las distintas parroquias (a las que gira visita pastoral a lo largo de dos años), encargará una reja para proteger el sepulcro de San Eufrasio en Nuestra Señora de Valdemao (Lugo) y también deberá dar cristiana sepultura en la propia catedral de Tuy a su hermano fray Mauro.

De 1605 data una carta enviada a su sobrino Alonso del Caño (catedrático de la Universidad de Salamanca) donde le aconseja cómo predicar. Este parece ser el punto de partida de su famosísima Instrucción de predicadores, uno de los más celebrados ensayos publicados en el siglo XVII en España acerca del poder de la oratoria, y que vio la luz tras su muerte por su hermano Juan, en el año 1617. Tal era su fama de gran orador, que habiéndolo oído predicar el propio papa Paulo V le otorgó el privilegio de bendecir más de doscientas imágenes, cruces o medallas. 



En 1607 se le concede el patronazgo de la capilla mayor de San Bartolomé de Andújar, donde será enterrado años después y cuyo espacio enriquecerá con un retablo, desgraciadamente desaparecido. También costeó otras obras de envergadura en la que había sido su parroquia.

Un año más tarde, en 1608 es nombrado obispo de León. Se dedica con celo a cuidar de su nueva grey, sin abandonar su vocación oratoria, y así predica con motivo del fallecimiento de la reina Margarita de Austria. En León llegó a celebrar siete sínodos y suprimió varias fiestas religiosas, ya que el exceso de las mismas estaba empobreciendo a la diócesis, que vivió acuciada por los deudores más allá de la muerte de Terrones.

Y esta, la muerte, le sorprende a nuestro paisano un trece de febrero (o marzo) de 1613 en Villalón (Valladolid). Fue enterrado en el convento de los agustinos de Mansilla de las Mulas (Leon). El 16 de abril de ese mismo año se celebraron en su memoria los funerales en el convento de las descalzas de Zamora [tenía Terrones gran relación con las tierras zamoranas, adonde iba con frecuencia a descansar], predicando su hermano Juan.

Sobre 1651 hay constancia que su cuerpo ya descansaba en San Bartolomé, junto al de sus hermanos Lorenzo y Antonio, sepulcro que fue profanado en los hechos aciagos de 1936. De su túmulo funerario, tan solo se conserva su urna en piedra, un busto decapitado y la inscripción que aún puede leerse en uno de los muros de la capilla mayor. 



Su obra ha sido recuperada no hace muchos años en una cuidada edición a cargo de Francisco Javier Fuente Fernández (León, 2001). 

El ayuntamiento rotuló una calle de escaso tránsito y relevancia con su nombre. Pido desde aquí que se busque otro lugar en el callejero de Andújar (aunque, por favor, sin sacrificar ninguna denominación sancionada por la tradición) para recordar a este andujareño inmortal. 


FUENTES:


FUENTE FERNÁNDEZ, Francisco Javier; Estudio introductorio de TERRONES DEL CAÑO, Francisco; Obras completas. León, Universidad, 2001. Colección Humanistas españoles, 22.

GALIANO PUY, Rafael, “Biografía del doctor don Francisco Terrones del Caño, predicador real y obispo que fue de Tuy y de León”, BIEG, 183, (2003), págs. 207-255.

GONZÁLEZ OLMEDO, P. Félix; Prólogo a TERRONES DEL CAÑO, Don Francisco; Instrucción de predicadores. Madrid, Espasa-Calpe, 1960. Clásicos castellanos, 126.

PALOMINO LEÓN, Jesús Ángel; “La tumba de don Francisco Terrones y retablo de capuchinos: nuestro patrimonio más desconocido”, Andújar Press, enero-febrero 1996, pág. 21.

PIÑERO JIMÉNEZ, Francisco; Giennenses ilustres. Jaén, 1959. Tomo II; págs. 143-146.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación Provincial, 1996.

http://veracruzandujar.blogspot.com.es/2013/07/la-efigie-de-don-francisco-terrones-del.html (Interesante artículo de Maudilio Moreno donde se refleja la vinculación de Terrones con la parroquia de San Bartolomé y la Cofradía de la Veracruz).



viernes, 8 de julio de 2011

FRAY MAURO TERRONES DEL CAÑO
(? - 1605)



Fraile benedictino.

Oscurecido por la personalidad y la importancia que en su tiempo tuvo don Francisco Terrones del Caño, predicador de Felipe II, obispo de Tuy y de León, y uno de los más insignes tratadistas de la oratoria sagrada barroca, su hermano, Mauro, no puede estar ausente de este mosaico de personalidades andujareñas, aunque solo sea por el destacado papel que tuvo en el traslado de la reliquia de San Eufrasio a Andújar, hace más de cuatro siglos.

Actual imagen de S. Eufrasio
(De andujar.es)
Fue uno de los trece hijos del matrimonio formado por Lorenzo Terrones y Ana del Caño. Como buena parte de sus hermanos, escogió la carrera eclesiástica, tomando el hábito benedictino el 9 de diciembre de 1569. Al igual que sus hermanos Francisco, Juan y Jerónimo, se entregó a la oratoria, pero, por desgracia, y al contrario que ocurre con ellos, no conservamos de él sermón alguno. Ejerció de predicador en diversos monasterios, entre ellos el de Sant Felíu de Guíxols, en Gerona, entre los años 1595 a 1598. Pasó luego a ser abad de los monasterios de San Pedro de Eslonza, en León (1598-1601) y San Pedro de Tenoro, en Pontevedra (1601-1604).

Francisco Terrones, sabedor de la supuesta relación existente entre San Eufrasio y su ciudad natal gracias a las averiguaciones hechas por su tío, el doctor don Juan del Caño, solicita al general de la Orden de San Benito, el padre fray Pedro Barba, que entregue a Andújar una reliquia de su primer obispo, enterrado en un monasterio de la Orden: el de Samos, en Galicia. Accede a ello fray Pedro, pero será imprescindible que la petición venga avalada por la firma real. No es problema para uno de los predicadores más estimados en la corte obtener una carta donde Felipe II pide a la Orden benedictina que atienda los ruegos de Andújar. Fray Mauro será el encargado de conseguir la reliquia, llevando en su poder hasta Samos tanto la carta real como la autorización del general de la Orden. Cuenta el historiador Antonio Terrones Robles que no accedieron muy gustosos los hermanos de congregación de fray Mauro a hacerle entrega del hueso -que será, al final, una canilla, casi a punto de descomponerse- pero que tuvieron que obedecer y abrir la tumba, sellada desde tiempo inmemorial. Fray Mauro comunicó a su hermano Francisco que ya tenía en su poder lo que había venido a buscar, y se avisó oportunamente al Concejo de Andújar para que preparase una gran fiesta de recibimiento a la reliquia.

Todo esto ocurría un 25 de junio de 1596. Casi un año después, el 11 de mayo de 1597, la reliquia era depositada en el convento de la Victoria de Andújar por los hermanos Mauro y Francisco Terrones. Ocuparon estos un lugar de privilegio en la procesión que llevó el hueso desde las afueras de la ciudad hasta la parroquial de San Bartolomé, y fray Mauro fue uno de los sermoneadores en las fiestas de la octava. Pero no acaba aquí su vinculación con San Eufrasio. Según dejó escrito Terrones Robles el santo realizó en él uno de sus milagros, pues, estando enfermo de una llaga desde hacía varios años, sanó de repente en cuanto entró en el sepulcro. Francisco Terrones, casi al final de su sermón, predicado el día que llegó la reliquia al convento de la Trinidad de Andújar, incide en la milagrosa curación y da cuenta de una curiosa coincidencia: en el concilio de Iliberis (303-304 ó 313-314) aparece un Maurus -Mauro-, presbítero de Iliturgi, seguidor de la semilla plantada por San Eufrasio.

Poema de Argensola en el parque de S. Eufrasio



Una de las poesías que glosaron el histórico suceso del traslado, salida de la pluma prestigiosa de Lupercio Leonardo de Argensola -amigo personal del obispo Terrones- tiene un espacio dedicado a fray Mauro y el resto de varones de la casa Terrones del Caño:

Que vaya el doctor Mauro Dios ordena,
a cobrar el depósito prescrito,
tantos siglos guardado en tumba ajena.
Tus hijos le llevaron, gran Benito,
tu hijo es también Mauro, cuya mano
a Eufrasio vuelve al Pastoral distrito.
Mauro, del gran Terrones digno hermano,
que de un mal que seis años padeció,
quedó con ver los santos huesos sano.
Reciba pues Andújar este día
al gran Terrones y a sus seis hermanos,
con insignias solemnes de alegría.

La muerte le sorprendió un 30 de noviembre de 1605, justamente cuando visitaba a su hermano Francisco en Tuy, siendo enterrado en la catedral de esta localidad pontevedresa. Pero aquí mismo, en la iglesia parroquial de San Bartolomé, cuya capilla mayor tuvo como patronos a los Terrones, la lápida situada en el altar mayor, tiene un recuerdo para fray Mauro.


FUENTES:

DOMÍNGUEZ CUBERO, José; Monumentalidad religiosa de Andújar en la Modernidad. Andújar, Ayuntamiento, 1985.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación Provincial, 1996.

ZARAGOZA PASCUAL, Ernesto; “Giennenses benedictinos (siglos XVI-XVIII)”; BIEG, XLII, 161 (jul.-sept. 1996), 41-60.

martes, 27 de febrero de 2018

FRAY ANTONIO PORTALEJO

(? - 1601)

Fraile mínimo


Volvemos en este blog a recordar a otro paisano que siguió el camino marcado por San Francisco de Paula. Fray Antonio Portalejo es rescatado del olvido por Antonio Terrones Robles que nos deja un breve pero elogioso apunte biográfico en su indispensable libro sobre San Eufrasio y la ciudad que lo tiene como patrón.

Escudo orden Mínima.
(Wikipedia. Dominio público)
 

A falta de bucear en los archivos parroquiales para descubrir la fecha de su nacimiento, se deja claro su estirpe andujeña y su pertenencia a la provincia de la Victoria de Granada. Terrones dice de él que gobernó como prelado muchas casas de la orden mínima, siendo su último cargo el de corrector del convento de Motril. Allí tenían asiento los frailes desde finales del siglo XVI: consiguieron permiso del obispado en 1573, sobre 1578-80 tenían concluido el convento y en 1604 la iglesia era ya una realidad. No pudo ver finalizada la fábrica del templo nuestro biografiado pues falleció tres años antes, de resultas de los estragos que en él causó la peste que azotó con furia esas tierras entre septiembre de 1600 y mayo de 1601.

Iglesia de la Victoria de Motril
(www.motril.es)


De esta forma nos narra don Antonio sus últimos días: “él, deseoso de servir a Nuestro Señor, y ganarle almas para el Cielo, se dedicó a confesar y sacramentar los apestados, que nadie se atrevía, con grande edificación, yendo descalzo, en que se ocupó muchos días que duró la peste, y últimamente, al fin de ella, fue Nuestro Señor servido de llevárselo para sí, concediéndole la muerte que deseaba en aquella ocasión, por hacer mayor servicio a Nuestro Señor, con que acabó su vida con opinión de santo y mártir, por las razones referidas”.

Interior de la iglesia de la Victoria de Motril
(laclase55.blogspot.com.es)

La “opinión” de los motrileños no se constata en una posterior subida a los altares. De hecho, tampoco se le recuerda en la pequeña wikipedia de la Orden mínima: la minimospedia. Tampoco queda nada hoy de la que fue última morada de fray Antonio: el convento desapareció tras la Desamortización de Mendizábal y la iglesia, muy maltratada en los hechos del 36, está regentada desde finales del XIX por la orden agustina recoleta. Queda, eso sí, el testimonio de su servicio al prójimo aunque eso le costara la vida.


FUENTES:

MEDINA VILCHES, Gabriel; República de Motril. Motril, el autor, 2015

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, martirio y traslación y milagros de San Eufrasio, Obispo y Patrón de Andújar. Granada, Imprenta Real, 1657 [facsímil: Jaén, Diputación, 1996]





jueves, 27 de septiembre de 2012

JUAN ÁLVAREZ SERRANO
(? - 1651)



Oidor de la Audiencia de México

No sólo ha dado Andújar destacados artistas, valientes soldados, abnegados religiosos y mártires -que podíamos decir, emulando las biografías de antaño-, sino que también la jurisprudencia ha tentado a alguno de nuestros paisanos. Tal es el caso de Juan Álvarez Serrano, noble por los cuatro costados, que llegó a ser oidor de la Audiencia de México.

Se educó en Sevilla, en el colegio de Santa María de Jesús, y allí debió contraer matrimonio con doña Juana Bernaldo de Quirós. De este matrimonio nacieron dos hijos: Fernando y Luisa. Marchó a México donde, además del cargo antes citado, fue benefactor del Hospital de San Lázaro. Durante los últimos años de su vida se vio apartado de la justicia por motivos de salud.

Fachada de la antigua Audiencia de México

A pesar de la distancia, mantuvo siempre una gran devoción por la Virgen de la Cabeza, devoción que alcanzaba entonces su plenitud, desbordando la fama de su culto y fiesta romera los límites peninsulares. Sobre esto nos informa con amplitud Antonio García Abasolo en un artículo aparecido en la revista Códice, del que hemos extraído los datos que siguen. Donó a la Virgen de la Cabeza un negrito llamado Hipólito y una corona de oro y piedras, recaudando además dinero para fomentar la devoción entre los jienenses del virreinato. Esa limosna tenía como destino el convento del Carmen de Andújar, y con ello pretendía Juan Álvarez que los frailes compraran terrenos colindantes del Santuario para servicio de este. Otra donación iba destinada a la capilla familiar de San Pedro, en Santa María La Mayor: un lignum crucis y una reliquia de San Bartolomé, según consta en su testamento.

Capilla de San Pedro en Santa María La Mayor

Algunos documentos de la época nos informan de algunas de las actuaciones de don Juan: en 1627 tuvo un papel activo como consejero del virrey en las graves inundaciones que asolaron la ciudad de México; en 1633 redacta un informe destinado al rey, respecto de la conquista de California. De una década anterior son los Autos y declaraciones que por cédula real recibió el Sr. Licenciado don Juan de Álvarez Serrano, oidor de esta real audiencia de México sobre el descubrimiento de las Californias. En 1639 ha de intervenir en el Capítulo de los Mercedarios, ante un grave problema suscitado en el seno de dicha comunidad conventual mexicana.

Fue también patrono del convento de Nuestra Señora de la Merced de México, hermano de la Sagrada Congregación Eclesiástica del Señor San Pedro, y estuvo relacionado con la Cofradía del Santísimo Sacramento de Andújar.

Ciudad de México en el siglo XVII (www.ciudadanosenred.com)

Antonio Terrones Robles tiene un espacio para él en su Vida, martirio, translación y milagros de San Eufrasio... (1657). En el capítulo dedicado a «los varones señalados en armas, y letras, que ha tenido en todos tiempos la ciudad de Andujar», expone lo más significativo de su paisano: «Don Iuan de Alvarez Serrano, Colegial del Colegio mayor de Seuilla, y Catedratico de Prima, y Oydor en Mexico, de la casa y familia de Alvarez, que está y permanece en la villa de Menvibre, tierra del Vierzo, y Reyno de Leon» (fol. 219v).

Se puede apuntar como año de fallecimiento 1651, a tenor de cierto documento conservado en el Archivo de Indias donde, además, se consigna que es dueño de dos capellanías en la parroquia de Santa María de Andújar.




FUENTES:

ALVARADO MORALES, Manuel; “El cabildo y regimiento de la ciudad de México en el siglo XVII. Un ejemplo de oligarquía criolla”, Historia Mexicana. Vol. 28, No. 4 (Abr. - Jun., 1979), pp. 489-514.

GARCÍA ABASOLO, Antonio; “Gentes del Reino de Jaén en el Nuevo Mundo”, Códice, 4, (1989), pp. 29-39.

SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis; Historia General de España y América: América en el Siglo XVII, Volumen 9. Madrid, Rialp, 1990.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, martirio, translación y milagros de San Eufrasio. [Jaén, Diputación, 1996. Facsímil].




lunes, 29 de octubre de 2012

FRAY BERNARDO DOCA
(SIGLO XVI-XVII)



Religioso mínimo

Aquella Andújar plena de conventos, ermitas, campanarios y espadañas, tiene como alto orgullo el haber sido elegida por San Francisco de Paula, merced a los buenos oficios de don Pedro de Lucena, como punto de partida de la rama femenina de su Orden. Fue en 1495 cuando se dio comienzo a la vida contemplativa mínima en el mundo, en un humilde cenobio cuya herencia, por fortuna, aún se conserva. La presencia del espíritu caritativo de San Francisco de Paula estuvo siempre complementada por el convento de varones: primero, en el inicio del viejo camino de herradura del santuario; y desde mediados del siglo XVII, frente al aún conocido hoy como altozano de la Victoria.

Antigua imagen del altozano de la Victoria

 Dichosos los ojos que contemplaron la magnificencia de estos edificios. Disminuido el de mujeres en bienes muebles por culpa de la guerra, y en extensión por mor de aquellas Regiones Devastadas, que en ocasiones hicieron patente su nombre; y arruinado el de frailes, tras su obligada exclaustración en el XIX, y derruido tras un “fortuito” incendio, de él poco queda, amén del nombre antedicho del recoleto altozano y de las advocaciones de la Soledad y del Santo Entierro de Cristo, hoy veneradas en la parroquial de San Bartolomé (y, también hay que decirlo, de la Inmaculada que recibe el culto del pueblo en la capillita del cementerio, tan desfigurada por culpa de aquel incendio que dio al traste con el que era bellísimo edificio barroco, que casi nadie reconoce en ella el rostro de una Virgen pura, semejando más el de una transida Dolorosa).

Inmaculada procedente del convento de Mínimos
Nuestro biografiado pasó sus años de noviciado en el primigenio convento, sito más allá del actual cementerio municipal, donde, por cierto, la familia Doca contaba con capilla propia, fundada por Juan Gutiérrez Doca, denominada capilla de las Reliquias. Desconocemos la relación exacta con nuestro personaje, pero un documento fechado en diez de febrero de 1679 nos habla de cómo los descendientes de este tal Juan Gutiérrez, en concreto don Bernardo Doca (nieto del anterior y al que no hay que confundir con el fraile), van a seguir ostentando el patronato de una capilla en el nuevo convento de la calle Jesús María.
 El siempre imprescindible Antonio Terrones Robles. nos cuenta que tomó el hábito en el convento de Nuestra Señora de la Victoria de Andújar, "de donde era natural".

La Soledad
Sigue indicándonos Terrones, con tono hagiográfico, que “vivió con mucha virtud y abstinencia, leyendo y gobernando”. Fue prelado de muchas casas de la provincia de Granada, llegando a ser provincial de esta, acabando su vida como tal, así que su fallecimiento hay que situarlo en la ciudad de los cármenes.
Fue además corrector de varios conventos. Estuvo a punto de ser elegido provincial de Mallorca, pero renunció para seguir en Granada, que lo eligió como comisionado para el Capítulo General que tuvo lugar en el año 1623.
Impulsó complementar la historia de las fundaciones mínimas en el sur de España, obra iniciada por Juan de Lucena en el siglo XVI. Y así, en 1619, en Málaga, vio la luz el Epítome de la fundación de la provincia del Andalucía de la Orden de los Mínimos del glorioso patriarcha San Francisco de Paula, cuyo autor (fray Juan de Morales) le dedicó a fray Bernardo la obra.
Terrones concluye su referencia a este santo varón con palabras elogiosas, donde pone de manifiesto su “notable crédito de cristiandad y paciencia, con que sufrió los trabajos, y con opinión de perfecto religioso cristiano”.


FUENTES

PALOMINO LEÓN, Jesús Ángel; Ermitas, capillas y oratorios de Andújar y su término. Jaén, Diputación provincial - Instituto de Estudios Giennenses, 2003.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación Provincial, 1996.


jueves, 29 de mayo de 2025

 

MANUEL SALCEDO OLID

(? - 1668)


Historiador


    El pasado 6 de marzo tuvo lugar la presentación de una edición facsímil del Panegírico historial de Nuestra Señora de la Cabeza de Sierra Morena, obra publicada en Madrid, en la imprenta de Julián de Paredes, en 1677, y debida a la pluma de Manuel Salcedo Olid. El ejemplar original llegó a manos de la institución municipal el año pasado y ha pasado a formar parte de los fondos de la biblioteca “Alcalá Venceslada”, a la vez que cualquiera puede consultarlo accediendo a la web de la concejalía de cultura del Ayuntamiento. Ya en 1994 la asociación de cronistas andaluces, el centro de estudios marianos que lleva el nombre del propio autor y la peña “El Madroño” dieron a la luz otra edición de esta joya del patrimonio histórico local. 

 

Portada facsímil de 2025

 

    ¿Quién fue Manuel Salcedo Olid? Nuestro biografiado de este caluroso mes de mayo fue un personaje importante en la Andújar del siglo XVII: alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición, caballero capitular del Cabildo y diputado de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza. Vino al mundo en fecha aún desconocida para la historiografía local, fruto del matrimonio entre Juan Salcedo Notario y Jerónima del Villar. Casó con María Cacho de Quero, sobrina de Juan Cacho de Santillana y Mincoya, fundador del patronato de la casa cuna de la ciudad. Según se desprende de su testamento (descubierto por Jesús A. Palomino León) murió sin descendencia el 30 de septiembre de 1668, siendo enterrado al día siguiente en la capilla que poseía en el desaparecido convento de la Trinidad: concretamente la dedicada a Santa Catalina y Santa Inés. 

 

Portada facsímil de 1994

 

    La actividad municipal de Salcedo se atestigua consultando las actas capitulares, gracias a los extractos que en su momento hiciera Torres Laguna. Así nos lo encontramos ya en una reunión del cabildo el 14 de marzo de 1650 junto con Terrones Robles, el otro gran historiador durante la Edad Moderna en Andújar. Al igual que a este, a Salcedo Olid se le encomiendan funciones en las altas instancias, como lograr en 1665 que la ciudad pagara un donativo menor para la guerra en Portugal, algo que no pudo conseguir. En representación del Ayuntamiento, conseguirá ser nombrado alcalde por la vara de la cofradía de los hijosdalgos por la parroquia de San Miguel en 1663. En 1667 ya desaparecen las referencias a él en las actas, quizás por su avanzada edad y/o por una enfermedad grave.

Dedicatoria al obispo de Jaén
 

    No se le ha escapado al atento lector que la obra con la que hemos abierto esta reseña se publicó tras la muerte del autor, quizás por no encontrarse hasta entonces financiación para la misma o porque tal vez pensaba Salcedo Olid culminarla cuando llegó el final de su vida de manera abrupta. Lo curioso del asunto es que, en realidad, lo que tenemos en 1677 son dos ediciones, idénticas y ambas realizadas en la imprenta madrileña, pero dedicadas a dos personas diferentes: el obispo de Jaén, Antonio Fernández del Campo y Angulo, y el prioste de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Andújar, Fernando Antonio de Quero Escabias, caballero de la Orden de Santiago y caballero veinticuatro de la ciudad. Este Fernando de Quero aparece representado en el famoso cuadro que de la romería pintara Bernardo Asturiano, conservado en el museo del santuario. Además fue familiar de la esposa de Salcedo Olid lo que puede explicar que esté dedicado a él y que quizás él mismo costeara la edición máxime cuando había interés en la época para que el manuscrito no se perdiera. 

 

Retrato del obispo Angulo (iaph.es)

 

    El Panegírico es la primera obra dedicada íntegramente a la Virgen de la Cabeza, su aparición, historia y afamada romería, en un momento en que constituía una de las expresiones de devoción popular con más arraigo en España. Junto con el compendio que realiza Antonio Terrones Robles acerca de San Eufrasio como responsable de la llegada del Cristianismo a estos lares, y publicada veinte años antes, son las piedras angulares de la historiografía clásica de la ciudad. La influencia de ambas obras en los eruditos posteriores es innegable. De hecho, el libro de Salcedo fue la base de la Breve noticia del principio y sucesos de la Virgen de la Cabeza de Sierra Morena, compendiada del Panegírico historial que escribió y dio a la luz pública don Manuel Salcedo Olid, publicada en México en 1843, en la editorial de Luis Abadiano Valdés. En esta obrita se condensa de manera extrema todo lo narrado por el andujareño y se concluye con una novena, lo que indica la universalidad de la devoción a la Morenita. Por supuesto que la obra está lejos de la profunda investigación histórica que prevalece en la actualidad y ya en la revista Don Lope de Sosa, en 1918, recogían las palabras del padre Ángel V. Alonso sobre el Panegírico: “Gran parte de las noticias de esta santa imagen están tomadas de los falsos cronicones, defecto lamentable que se observa en casi todos los escritos históricos de esta provincia en el siglo XVII, y que conviene advertir, porque todavía en libros muy modernos se citan como buenas fuentes los malhadados cronicones”. No obstante, el propio vocablo “panegírico” nos remite no a la profundidad científica sino al elogio subjetivo, entonces y ahora.

 

Librito publicado en México en el siglo XVIII

 

    Escribió también nuestro paisano el Epílogo de la solemnísima y muy festiva translación de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Cabeza desde su prodigioso santuario de Sierra Morena a la iglesia mayor de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Andújar, para que la preserve del contagio con que Dios Nuestro Señor aflije esta Andalucía, que se dio a la imprenta en Jaén, en 1650. En este caso la dedica a D. Luis de Piédrola Serrano y Barrera, diputado de la Cofradía. Si en el Panegírico nos aparece el Salcedo Olid historiador, aquí muestra su sensibilidad literaria seleccionando una serie de piezas líricas de gran encanto, como unas quintillas que narran la aparición de la Virgen y que, según expresa nuestro biografiado, pudieran ser las más inmediatas a este hecho. Para José Carlos de Torres el poema quizás se podría fechar en el siglo XV y sería el texto literario más antiguo conservado que narra la leyenda. Del propio autor se incluye una canción que abre todo el poemario. Fue publicado en facsímil en 1995. Según Torres Laguna también escribió una Historia de Andújar y de sus santos, manuscrito que poseyó en su momento el marqués de la Merced y que desapareció sin poder haberse imprimido.

 

Facsímil del Epílogo

    El nomenclátor del callejero de Andújar, donde abundan denominaciones que nada tienen que ver con el devenir histórico y la realidad andujareñas, en este caso rinde tributo a uno de sus hijos insignes y le otorga el honor de darle nombre a la vía de salida de la ciudad hacia el camino viejo de herradura, en pos del cerro de la Cabeza.

 

Grabado interior del Panegírico

 


FUENTES:

CURIOSA, “Una curiosa historia de la Virgen de la Cabeza”, Don Lope de Sosa, 64 (abril 1918) p. 104.

FUENTES CHAMOCHO, Francisco; “Salcedo Olid, primer historiador de la Virgen de la Cabeza”, In edición Panegírico... realizada en Baena, Academia de cronistas de ciudades de Andalucía, el Centro de estudios marianos sobre Sierra Morena “Historiador Salcedo Olid” y la peña romera “El Madroño”, 1994.

GÓMEZ MARTÍNEZ, Enrique; “Salcedo Olid y su panegírico historial de Nuestra Señora de la Cabeza”, Diario Jaén Luz de Morenita, 25.04.2025, pp. 30-31.

TORRES LAGUNA, Carlos de; Andújar cristiana. Andújar, el autor, 1956.

TORRES LAGUNA, Carlos de; Andújar a través de sus actas capitulares (1600-1850). Andújar, IEG-Diputación provincial, 1981

TORRES MARTÍNEZ, José Carlos de; “D. Manuel Salcedo Olid, escritor de Nuestra Señora de la Cabeza de Sierra Morena”, BIEG, 153 (1994) pp. 111-120.



lunes, 30 de enero de 2023

 

FRAY BARTOLOMÉ DE ANDÚJAR

(? - 1608)


Fraile franciscano



Comenzamos la andadura por el 2023 en este blog desempolvando a un paisano que no destaca por haber escrito arrebatadoras páginas de lírica descarnada ni tampoco por conquistar territorios allende nuestras fronteras. Igualmente no tenemos en él a un referente de la investigación científica, el logro de récords deportivos o la gestión de la cosa pública. Este frailecillo, que nació como Bartolomé Delgado y fue conocido como fray Bartolomé de Andújar, en honor a su patria chica, aparece en todas las crónicas de la Orden de franciscanos descalzos como ejemplo máximo de humildad, sacrificio y abstinencia extrema. Todo ello nos remite, lógicamente, a una época pretérita, nada que ver con las metas que hoy imperan en la sociedad.

 

Obra salida de la pluma de fray Martín de San José, donde se glosa la vida del andujareño.


El historiador local Antonio Terrones Robles ya hablaba de él en la recopilación de varones ilustres en santidad, basándose en la más extensa biografía que aparece en la obra coetánea de fray Martín de San José. No ejerció su labor caritativa y de oración fray Bartolomé en el sur de España, sino que tomó los hábitos en la provincia de descalzos de San Pablo de Castilla La Vieja y allí vivió el resto de su vida. No podemos evitar reproducir parte de lo recogido por fray Martín, donde se ponderan las virtudes de su compañero: “Desde el punto que entró en la Religión, gozó de admirable paz, quietud y mansedumbre. A nadie dio ocasión de disgusto. A todos amaba y servía, con entrañas de encendida caridad. Parecía amorosa madre de cada uno de los religiosos y muy especial de los enfermos. Era muy sincero, ayunaba las cinco cuaresmas de Nuestro Padre San Francisco con manjares viles. Carne ni pescado no comía, sino alguna vez compelido por la obediencia. La última cuaresma, decían los religiosos, que casi vivía de milagro, tal abstinencia guardó”.

Villacastín, en Segovia (www.nomadasocasinales.com)

 

Al menos, que sepamos, ocupó el cargo de prelado, donde de nuevo dio pruebas de su caridad, ya que se desveló porque los otros religiosos no tuvieran falta de todo lo necesario para ejercer su vocación. Siguiendo con su desprendimiento alimenticio, solía repartir su ración diaria y él se contentaba con ingerir pan y agua. También ejerció como guardián en el monasterio de Empudia, donde tuvo algunos problemas que él aceptó pues se sentía más a gusto en las tribulaciones que con una vida cómoda, y todo ello lo ofrecía en servicio de Dios. Terminó sus días en el convento de Villacastín (actual provincia de Segovia), fundado en 1598 y desamortizado en 1835. En la Semana Santa de 1608 aumentó más aún el rigor con el que vivía, comiendo lo justo y durmiendo aún menos. El Viernes Santo estuvo seis horas delante del Santísimo Sacramento (seguimos leyendo a fray Martín de San José), “sin menearse ni moverse” del lugar. Otro fraile que se acercó a él, confiesa que lo vio sudando, tal era el arrebatamiento casi místico en el que se hallaba. Con la salud tan quebrantada no es de extrañar que falleciera al día siguiente, Sábado Santo, 18 de abril.

Restos del antiguo cenobio franciscano en Villacastín (www.nomadasocasionales.com)

 

Se destaca que fray Bartolomé siempre fue muy devoto de la Virgen María y hay quien afirma que lo visitó en sus últimas horas de vida, lo que acrecentó su fama de santo. Su Orden lo recuerda como venerable. Del convento donde falleció tan solo quedan algunos restos. Mejor suerte tuvo el de clarisas, que sigue habitado a día de hoy.


FUENTES:

SAN ANTONIO, Fray Juan de; Franciscos descalzos en Castilla La Vieja. Chronica de la Santa Provincia de San Pablo. Salamanca, Imprenta de Santa Cruz, 1728.

SAN JOSÉ, Fray Martín de; Historia de las vidas y milagros de Nuestro Padre Jesús de Alcántara… Arévalo Imprenta de Jerónimo Murillo, 1644.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, martirio, translación y milagros de San Eufrasio… Granada, Imprenta Real, 1657.

martes, 28 de mayo de 2019

SAN EUFRASIO

Imagen titular de la Cofradía
de San Eufrasio
(www.todocoleccion.net)

Patrón de Andújar

La figura de San Eufrasio se mueve entre la leyenda y la realidad, entre ha hagiografía y el rigor histórico. De entrada, su relación con Andújar es bastante equívoca, ya que es citado como obispo de Iliturgi y hoy sabemos a ciencia cierta que dicha población romana no estaba en nuestro entorno, sino en el llamado Cerro Máquiz, cerca de Mengíbar. No obstante, Andújar lo tomó como su guía en lo espiritual hace ya casi cinco siglos y de aquel tiempo a esta parte se ha constituido, por derecho propio, en otro nombre para la historia de la ciudad.

Nos cuenta la tradición cristiana que formaba parte de los siete varones apostólicos, junto a San Torcuato, San Tesifonte, San Indalecio, San Segundo, San Cecilio y San Hesiquio o Isicio, comisionados por el apóstol Santiago para difundir el Cristianismo por esta parte del mundo conocido, y ordenados obispos por los propios San Pedro y San Pablo en la mismísima Roma.

Óleo de Crespo que reproduce la consagración como
obispos de los siete varones apostólicos.
(albertosolana.wordpress.com)


De sus datos biográficos, poco sabemos. Se le supone nacido en Zaragoza, e incluso se apunta a la localidad de Sariñena. Tras su ordenación como obispo en el año 44, al año siguiente ya lo tenemos en la Hispania romana donde comienza a dar a conocer el Evangelio en la localidad de Acci (Guadix), junto al resto de sus compañeros. Allí se produce la división del grupo, encaminándose él hacia la Colonia Forum Iulium Iliturgitanum (Iliturgi), donde viviría hasta que fuera martirizado en el año 57.

San Eulogio de Córdoba dejó escrito que en el 618 se le edifica un templo en su honor, reinando entonces Sisebuto y ocupando la sede episcopal sevillana, San Isidoro. Ante la invasión árabe, los cristianos trasladan el cuerpo de San Eufrasio hasta Galicia. La tradición sigue contando cómo el burro que llevaba los restos se detuvo de pronto, siendo imposible que siguiera su marcha. Allí mismo se edificó una pequeña capilla que se convertiría después en la iglesia de Santa María de Mao o de Valdemao, dependiente entonces del monasterio de San Julián, en el actual término municipal de Incio, en Lugo, localidad con la que está hermanada Andújar.


Imagen venerada en Santa María del Mao
(www.todocoleccion.net)


La leyenda deja paso a la historia: hay constancia de que unos frailes del sur de la península se establecieron en la zona, portando un arca con objetos de culto y códices. En uno de ellos se hace constar que el primitivo fundador de la comunidad es un tal Eufrasio, que vivió sobre el siglo V. Aquí quizás radica el hecho de considerar a San Eufrasio como primitivo evangelizador, y posiblemente lo fuera, pero no en una fecha tan anterior. La fama del lugar como propicia para milagros se expande, llegando a ser nombrado San Eufrasio como co-patrón de Galicia. El templo se fue enriqueciendo y surgió una cofradía que se ocupa del culto al santo.

Iglesia de Santa María del Mao. Foto de Carlos Rueda.
(www.lavozdegalicia.es)

Dando un salto de siglos, llegamos al XVI donde Juan del Caño, canónigo y catedrático de Escritura en León, tiene conocimiento de este San Eufrasio, antiguo obispo de Iliturgi. Convencido el afamado polígrafo de que Iliturgi fue el germen de su patria chica, Andújar, se encamina al valle del Mao en 1571 para conocer de primera mano la fiesta del santo, el 15 de mayo. Envía cartas al ayuntamiento de su ciudad natal y logra que sus paisanos se interesen por el asunto. Se difunde la historia de San Eufrasio, su fama de santo milagroso y se le otorga su advocación al nuevo templo de los trinitarios, sito en las inmediaciones de la actual corredera Capuchinos, en lo que fue durante años el cámping. La nueva iglesia será bendecida en 1576. A partir de ese momento se tratará de obtener una reliquia del santo.

Monumento en la plaza del Cámping, que
recuerda la existencia en ese lugar del
antiguo convento e iglesia de San Eufrasio.


La labor de Francisco Terrones del Caño ante Felipe II logrará que esta reliquia llegue a Andújar veintiún años después, portada por el hermano de Terrones, Mauro. El recibimiento que le hace la ciudad es perfectamente descrito por el historiador local Terrones Robles. Al haber partido todo de una iniciativa del Cabildo, desde el principio las fiestas anuales correrán a cuenta del propio consistorio. En 1607 se introduce la canilla que se trajera de Galicia en un relicario de plata cordobesa, obra de Alonso de Bonilla. Desde 1641 se procesionará en unas andas junto a la reliquia de Santa Potenciana. Ambos serán, durante siglos, los patronos de la ciudad, y San Eufrasio, de la diócesis de Jaén desde 1604.

Portada de la edición facsímil
del libro de Terrones.
(www.historiadejaen.es)


Durante los siglos XVIII y XIX va decayendo la fiesta, en parte debido a que el convento de trinitarios sufre dos reveses: primero, la invasión napoleónica y después la desamortización de Mendizábal. La reliquia será trasladada al ayuntamiento y recibirá culto en San Miguel en fechas cercanas al 15 de mayo, con una pequeña procesión por la plaza de España. Ambas reliquias, la de San Eufrasio y la de Santa Potenciana, conocidas popularmente como “la mano blanca y la mano negra” fueron destruidas al principio de la Guerra Civil.

Por todos estos motivos, se pierde casi por completo la ligazón con San Eufrasio hasta que en la década de los ochenta, un grupo de vecinos de la barriada Huerta Maroto o de San Eufrasio, revitalizan el culto al predicador de Iliturgi. En 1991 se aprueban los estatutos de la nueva Cofradía de San Eufrasio que va a generar a su alrededor varios actos culturales y cultuales en el mes de mayo, culminando con la procesión del santo por las calles de Andújar.

Procesión de San Eufrasio. Foto: J. C. González
(www.andujar.ideal.es)


En 1996 se conmemoró el cuarto centenario de la traída de la reliquia a Andújar, se inauguró un monumento y fue nombrado alcalde mayor perpetuo. En el año 2005 se consigue una nueva reliquia y diez años después se bendice el nuevo templo de San Eufrasio.

San Eufrasio en el antiguo relicario que se conserva
en la capilla del Cristo de la Agonía.


En la localidad, las fiestas de septiembre llevan su nombre, así como el parque central del barrio, un colegio y una calle. Parte de las antiguas manifestaciones artísticas se han perdido con el tiempo, quedando en la actualidad, no obstante, en la ciudad varias esculturas en su honor, como las de la capilla de la Virgen de la Cabeza, otra en el santuario (de Navas Parejo) y dos en San Miguel (de Pariente Sanchís y González Orea, respectivamente). En cuanto a pinturas, es interesante la que forma parte del relicario que se puede contemplar en la capilla del Cristo de la Agonia, que podríamos fechar en el XVIII. Todos los historiadores clásicos de Andújar aluden al santo en sus escritos, comenzando por Antonio Terrones Robles, autor de la indispensable Vida, martirio, traslación y milagros de San Eufrasio. El aragonés Lupercio Leonardo de Argensola glosó el traslado de la reliquia en versos barrocos y el propio Rubén Darío lo cita, en uno de sus articulos donde elogia la religiosidad española y que lleva por título “Semana Santa”. Más recientemente, este nuestro legendario patrón ha servido de materia de ficción a José Javier Esparza en su novela El Reino del Norte, y a los autores del cómic La espada de San Eufrasio, con dos historias publicadas hasta la fecha.

(www.eshoradelastorta.com)



FUENTES:

GÓMEZ MARTÍNEZ, Enrique; Historia de San Eufrasio, patrón de Andújar y de la diócesis de Jaén. Andújar, Hermandad de San Eufrasio, 2010.

IGLESIAS ALMEIDA, Ernesto; “Una obra de la rejería tudense en tierras de Incio”, Boletín do museo provincial de Lugo, 3, (1987), pp. 53-56.

LEONARDI – RICCARDI – ZARRI (coord.); Diccionario de los santos. Vol. I. Madrid, San Pablo, 2000.

LÓPEZ RUBÍN, Pedro; San Eufrasio. Varón apostólico. Lugo, Imprenta provincial, 1994. Facsímil.

TERRONES Y ROBLES, Antonio; Vida, martirio, traslación y milagros de San Eufrasio, obispo y patrón de Andújar. Jaén, Diputación, 1996. Facsímil.