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jueves, 29 de mayo de 2025

 

MANUEL SALCEDO OLID

(? - 1668)


Historiador


    El pasado 6 de marzo tuvo lugar la presentación de una edición facsímil del Panegírico historial de Nuestra Señora de la Cabeza de Sierra Morena, obra publicada en Madrid, en la imprenta de Julián de Paredes, en 1677, y debida a la pluma de Manuel Salcedo Olid. El ejemplar original llegó a manos de la institución municipal el año pasado y ha pasado a formar parte de los fondos de la biblioteca “Alcalá Venceslada”, a la vez que cualquiera puede consultarlo accediendo a la web de la concejalía de cultura del Ayuntamiento. Ya en 1994 la asociación de cronistas andaluces, el centro de estudios marianos que lleva el nombre del propio autor y la peña “El Madroño” dieron a la luz otra edición de esta joya del patrimonio histórico local. 

 

Portada facsímil de 2025

 

    ¿Quién fue Manuel Salcedo Olid? Nuestro biografiado de este caluroso mes de mayo fue un personaje importante en la Andújar del siglo XVII: alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición, caballero capitular del Cabildo y diputado de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza. Vino al mundo en fecha aún desconocida para la historiografía local, fruto del matrimonio entre Juan Salcedo Notario y Jerónima del Villar. Casó con María Cacho de Quero, sobrina de Juan Cacho de Santillana y Mincoya, fundador del patronato de la casa cuna de la ciudad. Según se desprende de su testamento (descubierto por Jesús A. Palomino León) murió sin descendencia el 30 de septiembre de 1668, siendo enterrado al día siguiente en la capilla que poseía en el desaparecido convento de la Trinidad: concretamente la dedicada a Santa Catalina y Santa Inés. 

 

Portada facsímil de 1994

 

    La actividad municipal de Salcedo se atestigua consultando las actas capitulares, gracias a los extractos que en su momento hiciera Torres Laguna. Así nos lo encontramos ya en una reunión del cabildo el 14 de marzo de 1650 junto con Terrones Robles, el otro gran historiador durante la Edad Moderna en Andújar. Al igual que a este, a Salcedo Olid se le encomiendan funciones en las altas instancias, como lograr en 1665 que la ciudad pagara un donativo menor para la guerra en Portugal, algo que no pudo conseguir. En representación del Ayuntamiento, conseguirá ser nombrado alcalde por la vara de la cofradía de los hijosdalgos por la parroquia de San Miguel en 1663. En 1667 ya desaparecen las referencias a él en las actas, quizás por su avanzada edad y/o por una enfermedad grave.

Dedicatoria al obispo de Jaén
 

    No se le ha escapado al atento lector que la obra con la que hemos abierto esta reseña se publicó tras la muerte del autor, quizás por no encontrarse hasta entonces financiación para la misma o porque tal vez pensaba Salcedo Olid culminarla cuando llegó el final de su vida de manera abrupta. Lo curioso del asunto es que, en realidad, lo que tenemos en 1677 son dos ediciones, idénticas y ambas realizadas en la imprenta madrileña, pero dedicadas a dos personas diferentes: el obispo de Jaén, Antonio Fernández del Campo y Angulo, y el prioste de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Andújar, Fernando Antonio de Quero Escabias, caballero de la Orden de Santiago y caballero veinticuatro de la ciudad. Este Fernando de Quero aparece representado en el famoso cuadro que de la romería pintara Bernardo Asturiano, conservado en el museo del santuario. Además fue familiar de la esposa de Salcedo Olid lo que puede explicar que esté dedicado a él y que quizás él mismo costeara la edición máxime cuando había interés en la época para que el manuscrito no se perdiera. 

 

Retrato del obispo Angulo (iaph.es)

 

    El Panegírico es la primera obra dedicada íntegramente a la Virgen de la Cabeza, su aparición, historia y afamada romería, en un momento en que constituía una de las expresiones de devoción popular con más arraigo en España. Junto con el compendio que realiza Antonio Terrones Robles acerca de San Eufrasio como responsable de la llegada del Cristianismo a estos lares, y publicada veinte años antes, son las piedras angulares de la historiografía clásica de la ciudad. La influencia de ambas obras en los eruditos posteriores es innegable. De hecho, el libro de Salcedo fue la base de la Breve noticia del principio y sucesos de la Virgen de la Cabeza de Sierra Morena, compendiada del Panegírico historial que escribió y dio a la luz pública don Manuel Salcedo Olid, publicada en México en 1843, en la editorial de Luis Abadiano Valdés. En esta obrita se condensa de manera extrema todo lo narrado por el andujareño y se concluye con una novena, lo que indica la universalidad de la devoción a la Morenita. Por supuesto que la obra está lejos de la profunda investigación histórica que prevalece en la actualidad y ya en la revista Don Lope de Sosa, en 1918, recogían las palabras del padre Ángel V. Alonso sobre el Panegírico: “Gran parte de las noticias de esta santa imagen están tomadas de los falsos cronicones, defecto lamentable que se observa en casi todos los escritos históricos de esta provincia en el siglo XVII, y que conviene advertir, porque todavía en libros muy modernos se citan como buenas fuentes los malhadados cronicones”. No obstante, el propio vocablo “panegírico” nos remite no a la profundidad científica sino al elogio subjetivo, entonces y ahora.

 

Librito publicado en México en el siglo XVIII

 

    Escribió también nuestro paisano el Epílogo de la solemnísima y muy festiva translación de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Cabeza desde su prodigioso santuario de Sierra Morena a la iglesia mayor de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Andújar, para que la preserve del contagio con que Dios Nuestro Señor aflije esta Andalucía, que se dio a la imprenta en Jaén, en 1650. En este caso la dedica a D. Luis de Piédrola Serrano y Barrera, diputado de la Cofradía. Si en el Panegírico nos aparece el Salcedo Olid historiador, aquí muestra su sensibilidad literaria seleccionando una serie de piezas líricas de gran encanto, como unas quintillas que narran la aparición de la Virgen y que, según expresa nuestro biografiado, pudieran ser las más inmediatas a este hecho. Para José Carlos de Torres el poema quizás se podría fechar en el siglo XV y sería el texto literario más antiguo conservado que narra la leyenda. Del propio autor se incluye una canción que abre todo el poemario. Fue publicado en facsímil en 1995. Según Torres Laguna también escribió una Historia de Andújar y de sus santos, manuscrito que poseyó en su momento el marqués de la Merced y que desapareció sin poder haberse imprimido.

 

Facsímil del Epílogo

    El nomenclátor del callejero de Andújar, donde abundan denominaciones que nada tienen que ver con el devenir histórico y la realidad andujareñas, en este caso rinde tributo a uno de sus hijos insignes y le otorga el honor de darle nombre a la vía de salida de la ciudad hacia el camino viejo de herradura, en pos del cerro de la Cabeza.

 

Grabado interior del Panegírico

 


FUENTES:

CURIOSA, “Una curiosa historia de la Virgen de la Cabeza”, Don Lope de Sosa, 64 (abril 1918) p. 104.

FUENTES CHAMOCHO, Francisco; “Salcedo Olid, primer historiador de la Virgen de la Cabeza”, In edición Panegírico... realizada en Baena, Academia de cronistas de ciudades de Andalucía, el Centro de estudios marianos sobre Sierra Morena “Historiador Salcedo Olid” y la peña romera “El Madroño”, 1994.

GÓMEZ MARTÍNEZ, Enrique; “Salcedo Olid y su panegírico historial de Nuestra Señora de la Cabeza”, Diario Jaén Luz de Morenita, 25.04.2025, pp. 30-31.

TORRES LAGUNA, Carlos de; Andújar cristiana. Andújar, el autor, 1956.

TORRES LAGUNA, Carlos de; Andújar a través de sus actas capitulares (1600-1850). Andújar, IEG-Diputación provincial, 1981

TORRES MARTÍNEZ, José Carlos de; “D. Manuel Salcedo Olid, escritor de Nuestra Señora de la Cabeza de Sierra Morena”, BIEG, 153 (1994) pp. 111-120.



lunes, 30 de enero de 2023

 

FRAY BARTOLOMÉ DE ANDÚJAR

(? - 1608)


Fraile franciscano



Comenzamos la andadura por el 2023 en este blog desempolvando a un paisano que no destaca por haber escrito arrebatadoras páginas de lírica descarnada ni tampoco por conquistar territorios allende nuestras fronteras. Igualmente no tenemos en él a un referente de la investigación científica, el logro de récords deportivos o la gestión de la cosa pública. Este frailecillo, que nació como Bartolomé Delgado y fue conocido como fray Bartolomé de Andújar, en honor a su patria chica, aparece en todas las crónicas de la Orden de franciscanos descalzos como ejemplo máximo de humildad, sacrificio y abstinencia extrema. Todo ello nos remite, lógicamente, a una época pretérita, nada que ver con las metas que hoy imperan en la sociedad.

 

Obra salida de la pluma de fray Martín de San José, donde se glosa la vida del andujareño.


El historiador local Antonio Terrones Robles ya hablaba de él en la recopilación de varones ilustres en santidad, basándose en la más extensa biografía que aparece en la obra coetánea de fray Martín de San José. No ejerció su labor caritativa y de oración fray Bartolomé en el sur de España, sino que tomó los hábitos en la provincia de descalzos de San Pablo de Castilla La Vieja y allí vivió el resto de su vida. No podemos evitar reproducir parte de lo recogido por fray Martín, donde se ponderan las virtudes de su compañero: “Desde el punto que entró en la Religión, gozó de admirable paz, quietud y mansedumbre. A nadie dio ocasión de disgusto. A todos amaba y servía, con entrañas de encendida caridad. Parecía amorosa madre de cada uno de los religiosos y muy especial de los enfermos. Era muy sincero, ayunaba las cinco cuaresmas de Nuestro Padre San Francisco con manjares viles. Carne ni pescado no comía, sino alguna vez compelido por la obediencia. La última cuaresma, decían los religiosos, que casi vivía de milagro, tal abstinencia guardó”.

Villacastín, en Segovia (www.nomadasocasinales.com)

 

Al menos, que sepamos, ocupó el cargo de prelado, donde de nuevo dio pruebas de su caridad, ya que se desveló porque los otros religiosos no tuvieran falta de todo lo necesario para ejercer su vocación. Siguiendo con su desprendimiento alimenticio, solía repartir su ración diaria y él se contentaba con ingerir pan y agua. También ejerció como guardián en el monasterio de Empudia, donde tuvo algunos problemas que él aceptó pues se sentía más a gusto en las tribulaciones que con una vida cómoda, y todo ello lo ofrecía en servicio de Dios. Terminó sus días en el convento de Villacastín (actual provincia de Segovia), fundado en 1598 y desamortizado en 1835. En la Semana Santa de 1608 aumentó más aún el rigor con el que vivía, comiendo lo justo y durmiendo aún menos. El Viernes Santo estuvo seis horas delante del Santísimo Sacramento (seguimos leyendo a fray Martín de San José), “sin menearse ni moverse” del lugar. Otro fraile que se acercó a él, confiesa que lo vio sudando, tal era el arrebatamiento casi místico en el que se hallaba. Con la salud tan quebrantada no es de extrañar que falleciera al día siguiente, Sábado Santo, 18 de abril.

Restos del antiguo cenobio franciscano en Villacastín (www.nomadasocasionales.com)

 

Se destaca que fray Bartolomé siempre fue muy devoto de la Virgen María y hay quien afirma que lo visitó en sus últimas horas de vida, lo que acrecentó su fama de santo. Su Orden lo recuerda como venerable. Del convento donde falleció tan solo quedan algunos restos. Mejor suerte tuvo el de clarisas, que sigue habitado a día de hoy.


FUENTES:

SAN ANTONIO, Fray Juan de; Franciscos descalzos en Castilla La Vieja. Chronica de la Santa Provincia de San Pablo. Salamanca, Imprenta de Santa Cruz, 1728.

SAN JOSÉ, Fray Martín de; Historia de las vidas y milagros de Nuestro Padre Jesús de Alcántara… Arévalo Imprenta de Jerónimo Murillo, 1644.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, martirio, translación y milagros de San Eufrasio… Granada, Imprenta Real, 1657.

jueves, 28 de mayo de 2020


VENERABLE FRAY ALONSO RUIZ NAVARRO
Ss. XVI-XVII


Mártir franciscano

Como en más de una ocasión he confesado, se me hace complicado tratar de resumir la vida y obra de algunos de nuestros paisanos, ante el aluvión de datos que uno encuentra en libros, prensa, testimonios personales o Internet. En cambio, otras veces, sucede lo contrario: se aferra uno a breves pinceladas de una vida que, ante la escasez de esos mismos datos, se nos aparece como fugaz, cuando la historia nos oculta sucesos y avatares que, seguro, fueron muy interesantes.

Pero la realidad es la que es, y ante el biografiado de este mes sucede algo así: básicamente lo que encontramos en todas las fuentes consultadas y que se citan más abajo es la misma salmodia acerca de su ejemplar martirio, siendo complicado arañar otros fragmentos del mosaico de su vida, sin caer en la tentación de rellenar los huecos vacíos con alguna invención novelesca.

Antiguo convento de San Francisco, en Granada
(tomado de Wikipedia. Trabajo de Daderot).


Por desconocer, hasta desconocemos su fecha de nacimiento, aunque tomando como referencia la de su muerte, tuvo que suceder, por fuerza, en el siglo XVI. Sabemos, eso sí que sus padres eran Alonso Ruiz Navarro (o Manera, según otros) y su madre, María de Lara (Navarro, según el padre Vilches). También parece que profesó en el convento de San Francisco de Granada y de ahí partió a Filipinas con ánimo, como tantos otros servidores de Dios, de proclamar el Evangelio en aquellas lejanas tierras.

Mausoleo dedicado a los mártires cristianos de Japón
(Tomado de bbc.com/mundo/noticias. Getty Images)


Pronto pasó a Japón, meta para muchos religiosos entonces, a pesar de los riesgos que ello conllevaba; aunque bien es verdad que cuando fray Alonso arribó a Japón se había extendido el Cristianismo merced a su introducción, sobre todo por jesuitas portugueses. La conversión a la nueva fe por parte de los señores feudales se hacía con miras más económicas que religiosas, pues de esta forma se creaban vínculos más estrechos con el pujante comercio portugués en la zona de Nagasaki.

Fumie con la cara de Cristo desgastada
al ser pisoteada una y otra vez
(Tomado de bbc.com/mundo/noticias
Getty Images).


No obstante, la rápida proliferación de conversiones (unas 500.000 en la zona antes citada a finales del XVI), hizo que las autoridades intentaran frenar el avance del Cristianismo. Ya en esa época hay testimonios de persecuciones y el martirio de veintiséis misioneros en el mismo Nagasaki. En estos años, el padre Alonso tendría que enfrentarse con un ambiente de animadversión que iba in crescendo, y que alcanzó uno de sus puntos álgidos en 1614 con la prohibición del culto cristiano y la expulsión de los religiosos que, de diferentes nacionalidades y órdenes, habían llegado a Japón en las décadas precedentes. Además, frente a la prudencia de los jesuitas, los franciscanos no dudaban en proclamar el Evangelio sin ocultarse. Y así, el andujareño seguiría con su misión, incluso cuando se extendió la práctica del fumie que se instaura a partir de 1620. El fumie era una imagen de Cristo o de la Virgen que debía ser pisada públicamente para dejar patente que no se tenía relación alguna con el Cristianismo. Quien no lo hiciera, podía ser condenado a muerte, como ocurrió con unas dos mil personas. Una de ellas sería nuestro fraile franciscano, quien fue ajusticiado tras treinta y seis años de predicación, un 13 de febrero de 1633. Todos sus hagiógrafos coinciden en que, a pesar de ser decapitado, estuvo predicando veinticuatro horas más.

"Mártires franciscanos en Japón", cuadro
de Juan Carreño que se puede contemplar
en el Museo de Santa Cruz de Toledo
(Tomado de: www.meisterdrucke.es)


Fuera de este exiguo ramillete de datos quedan sus primeros años en Andújar, sus correrías adolescentes, la llamada de la vocación, las vicisitudes y triunfos, las penas y alegrías de una vida oculta entre los pliegues del pasado que hoy hemos querido rescatar aquí.



FUENTES:

ÁLVAREZ, P. José; Índice General del diario histórico, político-canónico y moral. Madrid, Thomas Rodríguez, 1734.

ESPINALT GARCÍA, Bernardo de; Atlante Español. Tomo XII. Parte 2 (Córdoba-Jaén). Madrid, Imprenta de González, 1787; págs. 237-238.

GUTIÉRREZ CARRERAS, Pilar; “Los primeros mártires de Japón. Nagasaki, 1597” (Conferencia pronunciada en la Hospedería de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, 16.02.2014). http://www.valledeloscaidos.es/files/martires-del-japon.pdf

SICARDO, José; Cristiandad del Japón y dilatada persecución que padeció... Madrid, Francisco Sanz, 1698.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, martirio, traslación y milagros de San Eufrasio... Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación provincial, 1996.

TORRES LAGUNA, Carlos de; Andújar cristiana. Andújar, La Puritana, 1956.

VÍLCHES, Francisco de; Santos y santuarios del Obispado de Jaén y Baeza; Madrid, 1550. pp. 232-235.


viernes, 1 de noviembre de 2019

CRISTÓBAL CACHO DE SANTILLANA Y GONZÁLEZ
(Siglo XVI – 1642)


Jurisprudente

Volvemos este mes a cruzar el inmenso Atlántico para seguir los pasos de un andujareño que, como tantos otros compatriotas, decidió realizar su particular aventura americana, en este caso, guiándose por sus conocimientos en leyes.

Nació Cristóbal en una fecha indeterminada del siglo XVI. Fue hijo de Juan Cacho de Santillana y Mariana González de Alba. El primer dato que de él tenemos es el expediente de limpieza de sangre que presenta en el Colegio de Santa María de Jesús de Sevilla en 1592, para poder acceder a conseguir la licenciatura en Leyes. Antes de esto alcanzó el Bachillerato en la de Salamanca. En aquella incipiente universidad hispalense, que se encontraba situada en los aledaños de Puerta Jerez, pudo conseguir la cátedra de Digesto Viejo. La Audiencia de Sevilla lo aprobó para que ejerciera como abogado.

Expendiente de limpieza de sangre de
Cristóbal Cacho de Santillana
(Archivo Histórico Univ. de Sevilla)


Tentado por pasar a tierras de ultramar, fue candidato a una fiscalía en México, pero no obtuvo el puesto. Más adelante sí que consiguió el nombramiento de oidor de la Audiencia de Panamá el 30 de noviembre de 1599. Unos meses después, el 29 de marzo de 1600, consigue por fin embarcarse, con algunos criados, rumbo a su nuevo destino.

Capilla de Santa María de Jesús, en Sevilla, único resto de la
primitiva universidad hispalense
(Wikipedia, fotografía de Alfonso Pozo Ruiz).


En los años siguientes podemos rastrear cómo ocupa puestos de especial relevancia en lo que hoy es Perú. Ecuador y Panamá. Así es nombrado fiscal de la Audiencia de Lima el 4 de mayo de 1607, alcalde del crimen de la Corte el 22 de marzo de 1620 y oidor el 5 de mayo de 1629. De esta fase de su vida se conserva gran documentación, de la que se debe destacar un informe que envía el rey en 1620 para denunciar las penurias económicas por las que atravesaba el virreinato: “...y este reino ha menester muy grandes socorros, porque todas sus riquezas van en declinación al paso de la de los indios, los vecinos están pobres, el comercio y gremio de los mercaderes apretado, los premios se acortan, y hay muchos descontentos y ociosos”. Un año antes también advertía de los abusos cometidos por algunos comerciantes sin escrúpulos, lo que avala el comportamiento ético de Cacho de Santillana. Tal vez por ello, y como ya hemos visto con otro andujareño, Manuel de Castro y Padilla, ofreció sus conocimientos jurisprudentes para la fundación de varias poblaciones, aunque la que tuteló directamente parece ser la de San Félix, en la provincia de Chiriquí (Panamá), erigida el 20 de noviembre de 1607.

Un rincón de la población de San Félix
(Wikipedia. Fotografía de Shadowfox).


La importancia histórica de este andujareño estriba, ante todo, en la composición de su célebre Memorial (1622) donde desarrolla la protección jurídica de los aborígenes americanos, y que se convirtió en referencia para posteriores tratados sobre la defensa del indio.

Su último nombramiento fue el de presidente de la Audiencia de Quito, el 18 de abril de 1640, pero no tomó posesión del cargo ya que falleció antes, sobre 1642. En su testamento lega los 5000 pesos que recibió de la herencia de su hermano Diego (que llegó a ser corregidor de la provincia de Carabaya) en la fundación de un colegio o casa de huérfanos. Otro Cacho de Santillana, Juan (quizás padre de nuestro biografiado), crea en 1622 la obra pía que dio origen a la Casa de Niños expósitos, estudiada en profundidad por Enrique Gómez Martínez.

Aunque en el Diccionario Biográfico Español se dice que murió soltero, hemos descubierto la profesión de una novicia, Josefa Hermoso, con dieciséis años, natural de Lima e hija de Cristóbal Cacho de Santillana y Petronila Gómez, que toma los hábitos en 1645.


FUENTES

ACOSTA RODRÍGUEZ, Antonio et alii (coord.); La casa de la Contratación y la navegación entre España y las Indias. Sevilla, Universidad, 2003.

ACOSTA, Joaquín; Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo décimo sexto. París, Imprenta de Beau, 1848.

HEREDIA HERRERA, Antonia (coord.); Catálogo de las consultas del Consejo de Indias (1605-1609). Sevilla, Diputación-CSIC-Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1984.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio. Jaén, Imprenta Real, 1657 [Jaén, Diputación provincial, 1996].

TORRES ARANCIVIA, Eduardo; Corte de virreyes. El entorno del poder en el Perú del siglo XVII. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2006.

www.dbe.rah.es/biografías (Artículo de Mark A. Burkholder).







martes, 28 de mayo de 2019

SAN EUFRASIO

Imagen titular de la Cofradía
de San Eufrasio
(www.todocoleccion.net)

Patrón de Andújar

La figura de San Eufrasio se mueve entre la leyenda y la realidad, entre ha hagiografía y el rigor histórico. De entrada, su relación con Andújar es bastante equívoca, ya que es citado como obispo de Iliturgi y hoy sabemos a ciencia cierta que dicha población romana no estaba en nuestro entorno, sino en el llamado Cerro Máquiz, cerca de Mengíbar. No obstante, Andújar lo tomó como su guía en lo espiritual hace ya casi cinco siglos y de aquel tiempo a esta parte se ha constituido, por derecho propio, en otro nombre para la historia de la ciudad.

Nos cuenta la tradición cristiana que formaba parte de los siete varones apostólicos, junto a San Torcuato, San Tesifonte, San Indalecio, San Segundo, San Cecilio y San Hesiquio o Isicio, comisionados por el apóstol Santiago para difundir el Cristianismo por esta parte del mundo conocido, y ordenados obispos por los propios San Pedro y San Pablo en la mismísima Roma.

Óleo de Crespo que reproduce la consagración como
obispos de los siete varones apostólicos.
(albertosolana.wordpress.com)


De sus datos biográficos, poco sabemos. Se le supone nacido en Zaragoza, e incluso se apunta a la localidad de Sariñena. Tras su ordenación como obispo en el año 44, al año siguiente ya lo tenemos en la Hispania romana donde comienza a dar a conocer el Evangelio en la localidad de Acci (Guadix), junto al resto de sus compañeros. Allí se produce la división del grupo, encaminándose él hacia la Colonia Forum Iulium Iliturgitanum (Iliturgi), donde viviría hasta que fuera martirizado en el año 57.

San Eulogio de Córdoba dejó escrito que en el 618 se le edifica un templo en su honor, reinando entonces Sisebuto y ocupando la sede episcopal sevillana, San Isidoro. Ante la invasión árabe, los cristianos trasladan el cuerpo de San Eufrasio hasta Galicia. La tradición sigue contando cómo el burro que llevaba los restos se detuvo de pronto, siendo imposible que siguiera su marcha. Allí mismo se edificó una pequeña capilla que se convertiría después en la iglesia de Santa María de Mao o de Valdemao, dependiente entonces del monasterio de San Julián, en el actual término municipal de Incio, en Lugo, localidad con la que está hermanada Andújar.


Imagen venerada en Santa María del Mao
(www.todocoleccion.net)


La leyenda deja paso a la historia: hay constancia de que unos frailes del sur de la península se establecieron en la zona, portando un arca con objetos de culto y códices. En uno de ellos se hace constar que el primitivo fundador de la comunidad es un tal Eufrasio, que vivió sobre el siglo V. Aquí quizás radica el hecho de considerar a San Eufrasio como primitivo evangelizador, y posiblemente lo fuera, pero no en una fecha tan anterior. La fama del lugar como propicia para milagros se expande, llegando a ser nombrado San Eufrasio como co-patrón de Galicia. El templo se fue enriqueciendo y surgió una cofradía que se ocupa del culto al santo.

Iglesia de Santa María del Mao. Foto de Carlos Rueda.
(www.lavozdegalicia.es)

Dando un salto de siglos, llegamos al XVI donde Juan del Caño, canónigo y catedrático de Escritura en León, tiene conocimiento de este San Eufrasio, antiguo obispo de Iliturgi. Convencido el afamado polígrafo de que Iliturgi fue el germen de su patria chica, Andújar, se encamina al valle del Mao en 1571 para conocer de primera mano la fiesta del santo, el 15 de mayo. Envía cartas al ayuntamiento de su ciudad natal y logra que sus paisanos se interesen por el asunto. Se difunde la historia de San Eufrasio, su fama de santo milagroso y se le otorga su advocación al nuevo templo de los trinitarios, sito en las inmediaciones de la actual corredera Capuchinos, en lo que fue durante años el cámping. La nueva iglesia será bendecida en 1576. A partir de ese momento se tratará de obtener una reliquia del santo.

Monumento en la plaza del Cámping, que
recuerda la existencia en ese lugar del
antiguo convento e iglesia de San Eufrasio.


La labor de Francisco Terrones del Caño ante Felipe II logrará que esta reliquia llegue a Andújar veintiún años después, portada por el hermano de Terrones, Mauro. El recibimiento que le hace la ciudad es perfectamente descrito por el historiador local Terrones Robles. Al haber partido todo de una iniciativa del Cabildo, desde el principio las fiestas anuales correrán a cuenta del propio consistorio. En 1607 se introduce la canilla que se trajera de Galicia en un relicario de plata cordobesa, obra de Alonso de Bonilla. Desde 1641 se procesionará en unas andas junto a la reliquia de Santa Potenciana. Ambos serán, durante siglos, los patronos de la ciudad, y San Eufrasio, de la diócesis de Jaén desde 1604.

Portada de la edición facsímil
del libro de Terrones.
(www.historiadejaen.es)


Durante los siglos XVIII y XIX va decayendo la fiesta, en parte debido a que el convento de trinitarios sufre dos reveses: primero, la invasión napoleónica y después la desamortización de Mendizábal. La reliquia será trasladada al ayuntamiento y recibirá culto en San Miguel en fechas cercanas al 15 de mayo, con una pequeña procesión por la plaza de España. Ambas reliquias, la de San Eufrasio y la de Santa Potenciana, conocidas popularmente como “la mano blanca y la mano negra” fueron destruidas al principio de la Guerra Civil.

Por todos estos motivos, se pierde casi por completo la ligazón con San Eufrasio hasta que en la década de los ochenta, un grupo de vecinos de la barriada Huerta Maroto o de San Eufrasio, revitalizan el culto al predicador de Iliturgi. En 1991 se aprueban los estatutos de la nueva Cofradía de San Eufrasio que va a generar a su alrededor varios actos culturales y cultuales en el mes de mayo, culminando con la procesión del santo por las calles de Andújar.

Procesión de San Eufrasio. Foto: J. C. González
(www.andujar.ideal.es)


En 1996 se conmemoró el cuarto centenario de la traída de la reliquia a Andújar, se inauguró un monumento y fue nombrado alcalde mayor perpetuo. En el año 2005 se consigue una nueva reliquia y diez años después se bendice el nuevo templo de San Eufrasio.

San Eufrasio en el antiguo relicario que se conserva
en la capilla del Cristo de la Agonía.


En la localidad, las fiestas de septiembre llevan su nombre, así como el parque central del barrio, un colegio y una calle. Parte de las antiguas manifestaciones artísticas se han perdido con el tiempo, quedando en la actualidad, no obstante, en la ciudad varias esculturas en su honor, como las de la capilla de la Virgen de la Cabeza, otra en el santuario (de Navas Parejo) y dos en San Miguel (de Pariente Sanchís y González Orea, respectivamente). En cuanto a pinturas, es interesante la que forma parte del relicario que se puede contemplar en la capilla del Cristo de la Agonia, que podríamos fechar en el XVIII. Todos los historiadores clásicos de Andújar aluden al santo en sus escritos, comenzando por Antonio Terrones Robles, autor de la indispensable Vida, martirio, traslación y milagros de San Eufrasio. El aragonés Lupercio Leonardo de Argensola glosó el traslado de la reliquia en versos barrocos y el propio Rubén Darío lo cita, en uno de sus articulos donde elogia la religiosidad española y que lleva por título “Semana Santa”. Más recientemente, este nuestro legendario patrón ha servido de materia de ficción a José Javier Esparza en su novela El Reino del Norte, y a los autores del cómic La espada de San Eufrasio, con dos historias publicadas hasta la fecha.

(www.eshoradelastorta.com)



FUENTES:

GÓMEZ MARTÍNEZ, Enrique; Historia de San Eufrasio, patrón de Andújar y de la diócesis de Jaén. Andújar, Hermandad de San Eufrasio, 2010.

IGLESIAS ALMEIDA, Ernesto; “Una obra de la rejería tudense en tierras de Incio”, Boletín do museo provincial de Lugo, 3, (1987), pp. 53-56.

LEONARDI – RICCARDI – ZARRI (coord.); Diccionario de los santos. Vol. I. Madrid, San Pablo, 2000.

LÓPEZ RUBÍN, Pedro; San Eufrasio. Varón apostólico. Lugo, Imprenta provincial, 1994. Facsímil.

TERRONES Y ROBLES, Antonio; Vida, martirio, traslación y milagros de San Eufrasio, obispo y patrón de Andújar. Jaén, Diputación, 1996. Facsímil.

martes, 27 de febrero de 2018

FRAY ANTONIO PORTALEJO

(? - 1601)

Fraile mínimo


Volvemos en este blog a recordar a otro paisano que siguió el camino marcado por San Francisco de Paula. Fray Antonio Portalejo es rescatado del olvido por Antonio Terrones Robles que nos deja un breve pero elogioso apunte biográfico en su indispensable libro sobre San Eufrasio y la ciudad que lo tiene como patrón.

Escudo orden Mínima.
(Wikipedia. Dominio público)
 

A falta de bucear en los archivos parroquiales para descubrir la fecha de su nacimiento, se deja claro su estirpe andujeña y su pertenencia a la provincia de la Victoria de Granada. Terrones dice de él que gobernó como prelado muchas casas de la orden mínima, siendo su último cargo el de corrector del convento de Motril. Allí tenían asiento los frailes desde finales del siglo XVI: consiguieron permiso del obispado en 1573, sobre 1578-80 tenían concluido el convento y en 1604 la iglesia era ya una realidad. No pudo ver finalizada la fábrica del templo nuestro biografiado pues falleció tres años antes, de resultas de los estragos que en él causó la peste que azotó con furia esas tierras entre septiembre de 1600 y mayo de 1601.

Iglesia de la Victoria de Motril
(www.motril.es)


De esta forma nos narra don Antonio sus últimos días: “él, deseoso de servir a Nuestro Señor, y ganarle almas para el Cielo, se dedicó a confesar y sacramentar los apestados, que nadie se atrevía, con grande edificación, yendo descalzo, en que se ocupó muchos días que duró la peste, y últimamente, al fin de ella, fue Nuestro Señor servido de llevárselo para sí, concediéndole la muerte que deseaba en aquella ocasión, por hacer mayor servicio a Nuestro Señor, con que acabó su vida con opinión de santo y mártir, por las razones referidas”.

Interior de la iglesia de la Victoria de Motril
(laclase55.blogspot.com.es)

La “opinión” de los motrileños no se constata en una posterior subida a los altares. De hecho, tampoco se le recuerda en la pequeña wikipedia de la Orden mínima: la minimospedia. Tampoco queda nada hoy de la que fue última morada de fray Antonio: el convento desapareció tras la Desamortización de Mendizábal y la iglesia, muy maltratada en los hechos del 36, está regentada desde finales del XIX por la orden agustina recoleta. Queda, eso sí, el testimonio de su servicio al prójimo aunque eso le costara la vida.


FUENTES:

MEDINA VILCHES, Gabriel; República de Motril. Motril, el autor, 2015

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, martirio y traslación y milagros de San Eufrasio, Obispo y Patrón de Andújar. Granada, Imprenta Real, 1657 [facsímil: Jaén, Diputación, 1996]





jueves, 30 de noviembre de 2017

FRAY DIEGO VERDEJO
(? - 1584)


Mártir mínimo

A veces los nombres de los que nos antecedieron tan solo dejan tras de sí una leve estela, con ecos que se repiten de tanto en tanto y que tampoco sabemos si responden a la verdad histórica o no. Es el caso de este fraile de la orden de San Francisco de Paula, que murió en 1584 martirizado. El padre Lucas de Montoya se refiere a él en su crónica de la Orden Mínima, publicada en 1619. Afirma que es español, pero no aporta más datos acerca de su patria chica, aunque, eso sí, apunta a que es de origen andaluz. Le da título de beato aunque no hay que tomarlo en sentido estricto. De hecho, su nombre no figura en la relación de miembros de la congregación franciscana mínima que han recibido ese reconocimiento. No obstante, da el dato interesante de que se le rinde culto “desde antiguo” en el convento de la Estela, en Nápoles, donde existe su efigie pintada.

Fachada de la iglesia della Stella, en Nápoles
(www.estudiosminimos.eu).


Sin mover una coma, tal cual lo plasma Francisco de Vilches en su compendio de santos jienenses (1653), aunque asegura que, sin duda alguna, era natural de Andújar. Ni que decir tiene que nuestro Terrones, aprovecha esta asignación del presunto mártir y beato para aumentar el censo de varones ilustres por su celo religioso en su imprescindible obra sobre San Eufrasio y Andújar, que verá la luz cuatro años después del libro del Vilches.

Nada más tenemos que aportar. No hay datos que corroboren lo que dicen estos tres autores. Figura la entrada de este posible paisano andujareño en la web de la Orden Mínima, aunque nadie hasta ahora ha tratado de completar con elementos fiables la biografía de este fraile. Como otras veces hemos hecho, podemos fantasear (que nos perdonen los historiadores) con un joven Diego, embebido por la leyenda de San Francisco, cruzando sobre su manto el estrecho de Mesina, deseando seguir la estela de quien sembró en Andújar tan fértil semilla, al crearse a finales del siglo XV dos cenobios dedicados a la vida contemplativa, siendo el de mujeres el primero creado en el mundo. También podemos hacer volar la imaginación y ver al joven Diego entrando por vez primera en el convento que la Orden tenía en ese emblemático camino hacia el santuario de la Cabeza. Oraría su preces oyendo el discurrir del Tamujoso, remansándose antes de llegar a la llanura del fértil valle. Escucharía en la soledad de su celda el discurrir de los romeros camino del encuentro con la Virgen que era venerada muchas leguas arriba. Tendría, por último, el deseo de llevar la palabra de Dios a tierras lejanas, donde hallaría el martirio.

Uno de los pocos vestigios del convento de Mínimos en Andújar,
que aporta Jesús Palomino en su libro sobre las ermitas, capillas y
oratorios que existieron en la ciudad (op. cit., pág. 227)


¿Y en qué cruenta lucha entre la cruz y otras dialécticas tendría fin su vida? Quién sabe si en las cercanas Alpujarras, aunque la rebelión de los moriscos, que tanta sangre derramó, se produce sobre 1568. O tal vez en el más lejano Japón, aunque el inicio de las hostilidades entre los señores feudales y los cristianos acaecen a partir de 1587. En un caso y en otro, fechas que no coinciden con las de su fallecimiento, si es que hay que dar crédito a ese año como el de de su muerte.

En cuanto al cenobio citado por el padre Montoya, poco queda ya de su antigua fundación, ocurrida en 1571, ya que sufrió los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y hoy la iglesia y convento de Santa María de la Estrella, están muy transformados.

Como dato curioso, nos informa Jesús Palomino que en el nuevo convento de Mínimos de Andújar, en la actual calle Jesús María, y adonde se trasladaron en la segunda mitad del siglo XVII, existía una capilla de los Santos Mártires, con restos que trajo el padre Francisco Navarro de Roma, en 1667. ¿Estaría entre esas reliquias las de nuestro casi desconocido Diego Verdejo? A veces, cuando la historia no basta (nueva disculpa de mis amigos historiadores), es bueno fantasear aunque solo sea un poquito.


FUENTES:

MONTOYA, Padre Lucas de; Crónica general de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula (1619).

PALOMINO LEÓN, Jesús Ángel; Ermitas, capillas y oratorios de Andújar y su término. Jáen, Diputación provincial, 2003.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, martirio, translación y milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Edición facsímil: Jaén, diputación provincial, 1996.

VILCHES, Padre Francisco de; Santos y santuarios del Obispado de Jaén y Baeza (1653).



domingo, 24 de enero de 2016

VENERABLE FRAY JUAN DE SAN ANTONIO
(c. 1582 – 1624)



Mártir franciscano


Hace unos meses recordábamos en el blog al venerable fray Gómez de San Luis, franciscano andujareño que encontró la muerte en Japón en 1637. Hoy lo hacemos con otro hijo de Andújar, franciscano también, que fue inmolado unos años antes, dentro de la exterminación exhaustiva que se llevó a cabo desde aquella fecha gloriosa para el martirologio cristiano del 5 de febrero de 1597, cuando San Pablo Miki y sus compañeros hallaron la muerte en una colina frente a la ciudad de Nagasaki.

Recreación de una ejecución pública por razones de fe en Japón
(Wikipedia, creative commons)


En verdad nuestro biografiado se llamaba Juan del Caño Notario y era hijo de Francisco del Caño e Isabel Notario. Fue hermano del doctor Alonso del Caño, al que ya le hemos dedicado unas líneas en una entrada anterior. Su nacimiento cabe situarlo sobre 1582. Comenzó a estudiar en Baeza y allí decidió seguir la senda de San Francisco de Asís, tomando el nombre de San Antonio porque, según él, había sido este santo el que lo había llamado a ser religioso. En 1601 acabó el noviciado y tras ser ordenado sacerdote, pidió marchar al Japón.

Fachada del antiguo convento de San Francisco
de Baeza (Jaenpedia, creative commons)


La evangelización de aquellas remotas tierras era un objetivo que se habían autoimpuesto algunas órdenes religiosas. En 1549 San Francisco Javier fue el primer religioso que llegó a Japón. El santo jesuita hablaba con admiración de aquel pueblo, alabando su inteligencia y costumbres. La compañía de Jesús obtuvo del papa Gregorio XIII la exclusividad evangelizadora y comenzaron su actividad con el apoyo de Portugal y el permiso de las autoridades niponas. Otras órdenes, entre la que se encontraban los franciscanos también ansiaban llevar allí el mensaje de Cristo. Pero los jesuitas hacían valer el permiso pontificio y además recelaban de los métodos de la orden seráfica, que vinculaba la evangelización más a los pobres y no tenían en cuenta ciertos acuerdos comerciales entre los japoneses y los portugueses. Los franciscanos debían conformarse, pues, con extender el Cristianismo por Filipinas y no pisar suelo japonés. Allí, a la antigua colonia española llegó nuestro paisano en 1605 y estuvo predicando el Evangelio a los nativos por espacio de tres años, en su propia lengua.

Retrato de Hideyoshi, de 1601
(Wikipedia, dominio público)


El shogun de Nagasaki, Toyotomi Hideyoshi, pretendió que los españoles que vivían en Japón le pagasen un vasallaje. El embajador de Manila envió a varios franciscanos que residían en Filipinas para que negociaran con Hideyoshi. Era conocida la buena disposición de algunos religiosos para estas cuestiones y, además, uno de ellos conocía la lengua. Esta es la ocasión propicia que aprovecha la orden de San Francisco para iniciar su labor evangelizadora en Japón. Los jesuitas continuaron con su catequesis, ligada a los hombres de poder y con la permisividad de las autoridades japonesas que deseaban tener buenas relaciones comerciales con Europa; mientras que los franciscanos se dedicaron a los más menesterosos, abriendo varias hospitales y leproserías. Este acercamiento a la gente sencilla fue lo que alarmó al poderoso Hideyoshi que, en 1587, prohíbe el culto público al Dios cristiano. Los jesuitas acatan la orden, aunque continúan con su labor catequética en la sombra. Los franciscanos, en cambio, la desoyen y no ocultan su religión. A raíz de esto, se produce el primer martirio colectivo: 6 franciscanos, 3 jesuitas y 17 laicos japoneses fueron mandados crucificar diez años después.

Libro que relata la persecución religiosa en
Japón a lo largo del XVI y el XVII.


Esto no detuvo en absoluto el crecimiento del Cristianismo en Japón ni las ganas de muchos religiosos de arribar a aquellas tierras para seguir extendiendo su fe. En 1608, fray Juan de San Antonio pudo por fin pisar tierras niponas y se dedicó con afán a su labor durante dieciséis años. Por desgracia, en 1613 se inicia otra oleada de asesinatos de religiosos y laicos cristianos que tendrá su culmen en 1637. Entre esos años se calcula que murieron unas 205 personas, amén de los mártires de 1597. Uno de esos sacrificios humanos estará protagonizado por nuestro paisano quien, al parecer, fue apresado en Nagasaki y, como no pudieron conseguir que abjurara de su fe, lo crucificaron en aspa y lo mataron a arcabuzazos. Esto sucedió en el mes de junio de 1624, según varias fuentes consultadas, aunque en el Diario histórico, político, canónico y moral publicado en 1731 se consigna 1633 como el año de su sacrificio. Sus reliquias se trasladaron a Manila, donde fueron veneradas. Su fiesta se celebra el 8 de junio.



FUENTES:


ÁLVAREZ DE LA FUENTE, José; Diario histórico, político, canónico y moral. Madrid, Tomás Rodríguez, 1731.

GUTIÉRREZ CARRERAS, Pilar, Los primeros mártires de Japón. Nagasaki, 1597 (conferencia pronunciada en la hospedería de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, 16 de febrero de 2014).

SICARDO, P. José; Cristiandad del Japón. Madrid, Francisco Sanz, 1698.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación Provincial, 1996.

TORRES LAGUNA, Andújar cristiana. Andújar, La Puritana, 1956.

VILCHES, P. Francisco de; Santos y santuarios de Jaén y Baeza. Madrid, Domingo García y Morrás, 1653. part. I, cap. 69.



jueves, 19 de febrero de 2015

ALONSO LADRÓN DE GUEVARA
(1584 – 1639)



Militar... y “santo”.

Si hay un andujareño con historia harto curiosa (aunque, eso sí, generada no en vida, sino muchos años después de haber fallecido) es este militar que hizo carrera en la terrible Flandes cuando nuestros tercios se batían el cobre para preservar la honra y el Imperio en aquellos tiempos tan heroicos como ruines.

Vino al mundo en nuestra Andújar, en el año 1584. Su padre era don Pedro Ladrón de Guevara, apellido que procedía, al parecer, de Vizcaya. Su madre fue doña Catalina de Bellidos. Comenzó a servir en 1604, como soldado en la compañía del gobernador de Juliers (la actual Julich, en Alemania), Manuel Franco de Andrade. En 1610 es ya capitán de arcabuces en el tercio de Juan de Meneses. Diez años después sucede a Diego García del Águila como sargento mayor del Tercio. En 1621 presencia cómo se reanuda la guerra tras la Tregua de los doce años. Su carrera militar sigue en auge, y así, en 1627 es nombrado maestre de campo del tercio departamental de Brabante. Se cuenta que en agosto de ese mismo año, durante el asedio a Groenlo, al este de Amsterdam, tuvo un serio altercado con su compañero de armas, el italiano marqués de Campolataro, sobre quién debía poner a sus hombres en vanguardia, polémica que adquirió tono elevado puesto que hubo de intervenir el mismísimo Ambrosio de Spínola (capitán general de Flandes) y la gobernadora, la infanta Isabel, quien señaló que nunca se le debía discutir o negar a un español el ir en vanguardia. No es de extrañar, que a tan valioso militar, se le nombrara miembro del Consejo de Guerra de los Países Bajos. 

Flandes en 1606 (Wikimedia Commons. Dominio público)
 

Haremos ahora un alto en su carrera profesional, para hablar de su entronque con una noble familia de la zona. En 1615 contrae matrimonio con Charlotte Alegambe, hija y heredera de Quentin Alegambe, señor de Autroeuilles. Charlotte heredó el título al morir su hermano, Jacques, el primogénito, sin descendencia. Así pues, nuestro paisano, a la par que ascendía en el escalafón militar también se convertía en un adinerado propietario de esta región que actualmente forma parte del norte de Francia. A ello hay que sumar la concesión del hábito de la orden de Santiago en 1625. 

Escudo de los condes de Alegambe
(Wikimedia Commons. Dominio público)
 

En 1634 la guerra contra Francia es un hecho. Don Alonso es entonces gobernador de Ostende y moviliza, por orden del cardenal Infante, a todo su tercio que tenía cuarteles de invierno en Lierre. Al año siguiente se hace presente con sus tropas en Namur (en la actual Bélgica) para detener cualquier ataque que viniese por el río Mosa. En 1635 cayó prisionero en la batalla de Les Avins, el primer choque serio entre franceses y españoles en el transcurso de la Guerra de los Treinta Años. Fue liberado posteriormente, y al regresar, en febrero de 1636 dejó el mando de su tercio para seguir como gobernador de Ostende. 

El puerto de Ostende (footage.framepol.com)
 

En la campaña de 1639 fue gravemente herido en unas escaramuzas contra los franceses junto a Saint Omer; fue traído moribundo a su casa donde falleció el ocho de junio (hay otra versión de su muerte: aquella que indica que tuvo lugar el 8 de abril de 1638 también combatiendo contra los franceses, pero en Cassel). Fue enterrado en la iglesia de San Nicolás, en Avelin, que él mismo había mandado erigir, bajo una escultura yacente esculpida en mármol.

Su hijo, Juan Alonso, también hizo carrera militar y llegó a ser capitán del tercio de Gaspar de Bonifacio. Fue señor, además de Autroeuilles, de Pont-à-Marque, Moulin, Agneaux, Buffelin, Broye y Marquette. Al igual que su padre, murió en acción de guerra, cerca de Armentières, el 26 (ó 28) de mayo de 1647. Murió sin descendencia. Quizás por eso el castillo de la familia fue adquirido en 1660 por François Hangouart, conde de Avelin. En esa misma batalla, se cuenta que murió un hijo natural de don Alonso, que lo tuvo con la dama Jean Thomain.

 
La actual iglesia de Avelin (Wikimedia Commons. Dominio público)

Pero lo interesante empieza ahora, tras la muerte de nuestro personaje. El 1 de marzo de 1799, en pleno fragor revolucionario, unos obreros comienzan a demoler la iglesia donde está enterrado don Alonso. Se dedican con saña a su destrucción durante veinte días. Solo falta inspeccionar los enterramientos. Bajo la más pesada losa, se encuentran con un pesado ataúd que, al extraerlo, resbala y mata a tres obreros. Los demás huyen dejando la profanación a medias. Gentes del pueblo, atraídas por ese bello féretro de madera noble, lo abren y en su interior encuentran otro, de plomo. Dentro de él, ¡sorpresa!: hallan a un venerable anciano de barba blanca vestido con su armadura e incorrupto. De ahí a generarse el milagro solo hay un paso. De todas las poblaciones de alrededor comienzan a venir curiosos que, enseguida, se convierten en devotos fervientes de ese desconocido caballero. Las autoridades deben intervenir y mandan volver a enterrarlo. Para grabar la nueva lápida se fijan en los restos de la antigua losa. Tan solo consiguen leer una “S” (seguramente de “Alonso”) y “Ladrón”. Así pues, se manda que en la lápida rece tan solo “S. Ladrón”, es decir: “San Ladrón”, con lo cual, las autoridades no hacen sino acrecentar la fama de santidad que ya tenía el muerto. Siguen viniendo devotos de Arras, de Lille, de Douai... y al final, vuelven a exhumar el cuerpo ya que todos quieren verlo y tocarlo porque obraba milagros: curaba enfermedades, salvaba cosechas... Otra vez se le manda enterrar, pero esta vez en una sepultura anónima del cementerio de Avelin, donde quizás siga nuestro andujareño que, sin quererlo, se convirtió en santo venerado de esta amplia región del norte de Francia, ciento cuarenta años después de haber fallecido.



FUENTES

BERMEJO HERREROS, Antonio; Recuerdos españoles en Flandes. Tomo I: Francia. Madrid, editorial Visión Net, s.d.
M.D. - S.D.H., Suite du Supplément au Nobiliaire des Pays-Bas et du Comté de Bourgogne (1555-1614). Malines, Chez P.J. Hanicq, 1779.
TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación Provincial, 1996.
UTRERA CARDEÑAS, Pablo; Ladrón de Guevara: El santo oculto de Andújar. Colección Andújar: historias ocultas, 1. Andújar, Plaza Vieja, 2007.