viernes, 8 de julio de 2011

FRAY MAURO TERRONES DEL CAÑO
(? - 1605)



Fraile benedictino.

Oscurecido por la personalidad y la importancia que en su tiempo tuvo don Francisco Terrones del Caño, predicador de Felipe II, obispo de Tuy y de León, y uno de los más insignes tratadistas de la oratoria sagrada barroca, su hermano, Mauro, no puede estar ausente de este mosaico de personalidades andujareñas, aunque solo sea por el destacado papel que tuvo en el traslado de la reliquia de San Eufrasio a Andújar, hace más de cuatro siglos.

Actual imagen de S. Eufrasio
(De andujar.es)
Fue uno de los trece hijos del matrimonio formado por Lorenzo Terrones y Ana del Caño. Como buena parte de sus hermanos, escogió la carrera eclesiástica, tomando el hábito benedictino el 9 de diciembre de 1569. Al igual que sus hermanos Francisco, Juan y Jerónimo, se entregó a la oratoria, pero, por desgracia, y al contrario que ocurre con ellos, no conservamos de él sermón alguno. Ejerció de predicador en diversos monasterios, entre ellos el de Sant Felíu de Guíxols, en Gerona, entre los años 1595 a 1598. Pasó luego a ser abad de los monasterios de San Pedro de Eslonza, en León (1598-1601) y San Pedro de Tenoro, en Pontevedra (1601-1604).

Francisco Terrones, sabedor de la supuesta relación existente entre San Eufrasio y su ciudad natal gracias a las averiguaciones hechas por su tío, el doctor don Juan del Caño, solicita al general de la Orden de San Benito, el padre fray Pedro Barba, que entregue a Andújar una reliquia de su primer obispo, enterrado en un monasterio de la Orden: el de Samos, en Galicia. Accede a ello fray Pedro, pero será imprescindible que la petición venga avalada por la firma real. No es problema para uno de los predicadores más estimados en la corte obtener una carta donde Felipe II pide a la Orden benedictina que atienda los ruegos de Andújar. Fray Mauro será el encargado de conseguir la reliquia, llevando en su poder hasta Samos tanto la carta real como la autorización del general de la Orden. Cuenta el historiador Antonio Terrones Robles que no accedieron muy gustosos los hermanos de congregación de fray Mauro a hacerle entrega del hueso -que será, al final, una canilla, casi a punto de descomponerse- pero que tuvieron que obedecer y abrir la tumba, sellada desde tiempo inmemorial. Fray Mauro comunicó a su hermano Francisco que ya tenía en su poder lo que había venido a buscar, y se avisó oportunamente al Concejo de Andújar para que preparase una gran fiesta de recibimiento a la reliquia.

Todo esto ocurría un 25 de junio de 1596. Casi un año después, el 11 de mayo de 1597, la reliquia era depositada en el convento de la Victoria de Andújar por los hermanos Mauro y Francisco Terrones. Ocuparon estos un lugar de privilegio en la procesión que llevó el hueso desde las afueras de la ciudad hasta la parroquial de San Bartolomé, y fray Mauro fue uno de los sermoneadores en las fiestas de la octava. Pero no acaba aquí su vinculación con San Eufrasio. Según dejó escrito Terrones Robles el santo realizó en él uno de sus milagros, pues, estando enfermo de una llaga desde hacía varios años, sanó de repente en cuanto entró en el sepulcro. Francisco Terrones, casi al final de su sermón, predicado el día que llegó la reliquia al convento de la Trinidad de Andújar, incide en la milagrosa curación y da cuenta de una curiosa coincidencia: en el concilio de Iliberis (303-304 ó 313-314) aparece un Maurus -Mauro-, presbítero de Iliturgi, seguidor de la semilla plantada por San Eufrasio.

Poema de Argensola en el parque de S. Eufrasio



Una de las poesías que glosaron el histórico suceso del traslado, salida de la pluma prestigiosa de Lupercio Leonardo de Argensola -amigo personal del obispo Terrones- tiene un espacio dedicado a fray Mauro y el resto de varones de la casa Terrones del Caño:

Que vaya el doctor Mauro Dios ordena,
a cobrar el depósito prescrito,
tantos siglos guardado en tumba ajena.
Tus hijos le llevaron, gran Benito,
tu hijo es también Mauro, cuya mano
a Eufrasio vuelve al Pastoral distrito.
Mauro, del gran Terrones digno hermano,
que de un mal que seis años padeció,
quedó con ver los santos huesos sano.
Reciba pues Andújar este día
al gran Terrones y a sus seis hermanos,
con insignias solemnes de alegría.

La muerte le sorprendió un 30 de noviembre de 1605, justamente cuando visitaba a su hermano Francisco en Tuy, siendo enterrado en la catedral de esta localidad pontevedresa. Pero aquí mismo, en la iglesia parroquial de San Bartolomé, cuya capilla mayor tuvo como patronos a los Terrones, la lápida situada en el altar mayor, tiene un recuerdo para fray Mauro.


FUENTES:

DOMÍNGUEZ CUBERO, José; Monumentalidad religiosa de Andújar en la Modernidad. Andújar, Ayuntamiento, 1985.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación Provincial, 1996.

ZARAGOZA PASCUAL, Ernesto; “Giennenses benedictinos (siglos XVI-XVIII)”; BIEG, XLII, 161 (jul.-sept. 1996), 41-60.

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