jueves, 12 de enero de 2012

DE MI INTRAHISTORIA


Los seguidores de este blog, a los que agradezco su interés, me han de permitir que dedique unas breves líneas no a un personaje destacado de nuestra historia local, no a un famoso escritor o a un glorioso conquistador de las Américas, sino a un hombre sencillo y bueno: a mi padre, Manuel Barea García. La historia no solo la escriben los grandes nombres, sino que la cotidianeidad (esa intrahistoria tantas veces citada desde que Unamuno acuñara el término) se llena de hombres y mujeres de vida discreta, cuyo conocimiento no llega más allá de sus familiares y convecinos. 
Así era mi padre, nacido en el arrabal de San Bartolomé de Andújar el 1 de marzo de 1935 y fallecido en su barrio de toda la vida el pasado 3 de enero. No hemos de encontrar en su biografía datos destacables, más allá de que pronto perdió a su padre en la fatídica contienda civil y muy joven hubo de enterrar a su madre Dolores. Casi siendo un niño entró a trabajar en el bazar Presa de la calle San Antonio, uno de esos establecimientos añorados por aquellos que miran con nostalgia el pasado de Andújar. Y allí estuvo hasta la década de los ochenta, cuando por imperativo laboral, tuvo que iniciar otra andadura profesional, montando junto con su mujer la mercería "Jesús María" frente al castizo altozano de la Victoria. Una vida, pues, dedicado a atender a los clientes (primero ajenos, después propios) y a tratar de ganarse el pan con honradez. Una vida normal, sin sobresaltos, otorgando amor a su esposa, Carmela, y a su único hijo, un servidor. Pero una vida en la que también encontró acomodo su gran devoción por las cosas de su tierra, en especial la Semana Santa, y sobre todo, su Cristo de la Paciencia. En sus genes estaba la simiente de eso que hoy (permítanme el neologismo) se podría denominar como "capillismo": un antepasado suyo, Francisco Barea Arcediano fue el mecenas de la Hermandad de la Soledad durante un cuarto de siglo; y su propio padre, Manuel Barea Lara, fue el último hermano mayor de la antigua cofradía de la Paciencia, además de ocupar el mismo cargo en la de la Divina Pastora. En la década de los sesenta, ante la crisis que afectó a las cofradías de Pasión y Gloria, mi padre, junto a otras personas de la ciudad, impidieron que se perdiera el culto y la devoción a Jesús de la Paciencia y que la cofradía siguiera funcionando. Él mismo fue hermano mayor en 1971 y 1972, y secretario durante muchos años. Fue una época dura, pues para poder realizar el desfile penitencial (primero, el Miércoles Santo y después el Jueves) se dependía, básicamente, de la venta de lotería nacional: participaciones que él preparaba en su casa, con un listado de socios que había que acrecentar para que las ganancias fueran las suficientes. Aún recuerdo el pulso firme de su escritura estampando en cada participación el nombre del abonado a la lotería. Su hermandad reconoció en su momento sus desvelos haciéndole un emotivo homenaje hace ya unos años, la misma corporación que ha visto con orgullo cómo ha sido enterrado luciendo su túnica nazarena, después de haber sido velado cubriéndose su cuerpo con la bandera de la hermandad.
Lo demás, ya se sabe: momentos felices frente a otros más amargos. Alegrías y tristezas que van tejiendo la vida de cada uno de nosotros. Como he dicho antes: una buena persona, como tantas otras, aunque para mí, lógicamente, era especial. En la próxima entrega seguiré desgranando, de manera divulgativa, los entresijos de aquellos que han dado y dan lustre a Andújar, pero no nos olvidemos nunca de esas existencias anónimas que también crean a su alrededor todo un enjambre de querencias y que, a su manera, son tan importantes como los grandes nombres.
Sit tibi terra levis.

4 comentarios:

  1. Me has emocionado, Manolo. Un fuerte abrazo de Fran.

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Estimado amigo Manolo, he pasado varias horas leyendo los nombres para la historia de Andújar. Como decía Ortega y Gasset "Para conocer algo humano, personal o colectivo, es preciso contar con la historia", pero también con la intrahistoria local que, según Miguel de Unamuno, refleja la vida tradicional que sirve de fondo permanente a la historia cambiante y visible del lugar donde vivimos; es por ello que hasta la sencilla biografía de tu padre, Manuel Barea García, tiene más valor para los que vivimos o somos de Andújar que la historia épica contada día a día por los periódicos, que en el pasado los protagonistas eran los reyes y generales y en la actualidad los políticos de cualquier partido.

    En definitiva, ha sido un placer el tiempo que pasado leyendo tu blog, al que me he suscrito.

    Un abrazo.

    Santiago de Córdoba Ortega

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Santiago, por tus palabras. La intención del blog es meramente divulgativa, pero me sirve para, de alguna manera, estar más en contacto con mi tierra, desde mi voluntario exilio serrano.
      Un abrazo.

      Eliminar