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lunes, 22 de septiembre de 2014

PEDRO DE LUCENA OLID

(SIGLO XV-XVI)

Noble. Diplomático.

Si hay un personaje de relevancia postergado en nuestra ciudad es este Pedro de Lucena Olid (al parecer, conde), y ello a pesar de dos hechos históricos de desigual trascendencia: uno político y otro religioso, aunque complementarios ambos como después veremos. Comenzaremos diciendo que sus apellidos de gran abolengo se forjan por el matrimonio de su antepasado Pedro Gil de Lucena con María de Olid. Casó con Elvira González Navarro y tuvo tres hijas. Dejemos para la ficción novelesca imaginarnos los primeros años de este noble andujareño, pues de ello nada sabemos, y vayamos a encontrarlo directamente como persona de confianza de los Reyes Católicos que le encargan ser el embajador de Castilla en la corte del rey francés Carlos VIII, cargo que desempeñará de 1483 a 1487. Es allí, en la corte francesa, donde nuestro personaje traba una estrecha relación con Francisco de Paula, fundador de la Orden Mínima, que moraba en tierras galas desde que fuera llamado allí por el antecesor del rey Carlos, Luis XI, impresionado por su fama de santidad. Al margen de discutir, seguramente, de cuestiones políticas (por aquel entonces se mantenía vivo el litigio entre Aragón y Francia por la presencia de ambas potencias europeas en Italia), avivó en el espíritu de Pedro de Lucena esa inclinación por la vida retirada que propugnaba el futuro San Francisco. 

San Francisco de Paula  (www.mínimas.org)
 
Pero, sin adentrarnos aún en el terreno estrictamente religioso, hemos de referirnos a un suceso que ocurrió en 1487 cuando, vuelto don Pedro de Francia, asiste al cerco de Málaga. Este hecho del final de la Reconquista se caracterizó por la crudeza del sitio, que duró seis meses y por las repercusiones que tuvo después para la población civil, condenada a la pena de muerte o a la esclavitud por los Reyes Católicos. Dicen las crónicas que, en un momento determinado, iban a desistir Isabel y Fernando de la conquista de Málaga, y que dicho extremo le fue comunicado por don Pedro a su amigo, el fraile mínimo. Desde Francia, el de Paula, preocupado por este retroceso en la difusión de la fe cristiana, envía a dos de sus hermanos de congregación para convencer al rey Fernando, mediante una carta escrita por el mismo santo, de que no levantara el sitio ya que en tres días Málaga caería en sus manos, como así fue. Agradecido, Fernando de Aragón, levantaría en el mismo sitio de la tienda real, una ermita, con el tiempo santuario, que tendría como titular a la Virgen de la Victoria, y mandó que los frailes mínimos recibieran el nombre en Castilla y Aragón de “frailes de Nuestra Señora de la Victoria”. Al frente de dicho santuario, fue nombrado superior fray Fernando Panduro, ayudante que había sido del embajador Lucena y que había entrado en la Orden Mínima tras su estancia en Francia. 



Santuario de la Virgen de la Victoria (www.andalucia.org)
 
Hasta aquí la relevancia política de nuestro biografiado. Pero en el terreno estrictamente religioso (si es que en la época se pueden disociar ambos) hay que aludir a que fue don Pedro el que trajo a la Orden Mínima a Andújar, cuando cedió unos terrenos con una ermita dedicada a Santa Elena, que poseía a las afueras de la ciudad, cerca del arroyo Tamujoso. Allí, el 26 de marzo de 1495 comenzarían con su vida retirada siete frailes, congregación que iría aumentando y que después se mudaría al edificio definitivo de la calle Jesús María, hoy desgraciadamente desaparecido.

Convento Mínimas de Andújar
Mayor relevancia tuvo el hecho de que el 11 de junio de ese mismo año de 1495, Pedro de Lucena y su hija Elena entregaran una casa en Andújar al padre Juan Bois, para que erigiera allí el primer monasterio de monjas mínimas del mundo. Las primeras religiosas fueron María y Francisca de Lucena, hija y sobrina (o nieta) respectivamente de don Pedro. Hay historiadores mínimos que consideran que esa fecha no es la del inicio de la rama femenina, pues no hay nada al respecto en la correspondencia entre el noble andujareño y el santo de Paula. Eso sí, puede que se tratara de la orden seglar, y que más tarde, concretamente en 1506, se redactaran las primeras reglas de la rama femenina. Cada una de las monjas recibió, además, un rosario enviado por San Francisco. Por su parte, don Pedro obtuvo del fraile mínimo varios objetos personales que, en la actualidad guardan celosamente las descendientes de aquella primeras religiosas andujareñas. En el XVII cada uno de estos conventos albergaba a unas cuarenta o cincuenta personas.

 
Relicario con objetos personales de San Francisco de Paula,
existente en el convento de Andújar (www.mínimas.org)

Como antes se ha dicho, el convento de mínimos no resistió a la Desamortización de Mendizábal. El de Jesús y María, por fortuna, ha cumplido holgadamente su quinto centenario. Sin embargo, cabe recordar hoy que todo ello no hubiera sido posible sin la munificencia de don Pedro Lucena y Olid, otro andujareño olvidado que, de alguna manera, hemos recordado desde este blog.


FUENTES:

BASTÚS Y CARRERA, Vicente Joaquín; Diccionario histórico enciclopédico. Volumen IV. Barcelona, Librería de Alou hermanos, 1892.

DOMÍNGUEZ CUBERO, José, Monumentalidad de Andújar en la Modernidad. Andújar, Ayuntamiento, 1985.

FIORINI MOROSINI, Giuseppe; San Francisco de Paula. Vida, personalidad, obra. Sevilla, Delegación General de los Mínimos, 2007.

GONZÁLEZ DÁVILA, Gil; Teatro eclesiástico de las iglesias metropolitanas y catedrales de los reinos de las dos Castillas. Tomo I. Madrid, Imprenta de Francisco Martínez, 1645.

MONTOYA, Fray Lucas de, Crónica General de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula. Madrid, Bernardino de Guzmán, 1619.

MORALES, Juan de; Epítome de la fundación de la provincia del Andalucía de la Orden de los Mínimos del glorioso patriarca San Francisco de Paula. Málaga, Juan Rene, 1619.





viernes, 30 de septiembre de 2022

 

JUAN DE LUCENA

? - 1596


Religioso mínimo


    La Historia, entendida como el devenir humano, lo mismo puede perpetuar durante siglos a una persona que dejarla en la umbría del desconocimiento, pero la labor de los historiadores es justamente dar luz y tratar de esclarecer esos rincones oscuros de nuestro pasado. Es lo que ocurre con este fray Juan de Lucena, religioso de la orden de franciscanos mínimos, del que durante mucho tiempo se desconoció que fuera el germen del afamado Epítome que escribiera en el siglo XVII su compañero de religión, el malagueño Juan de Morales.

 

Portada del Epítome

 

    A este otro Juan le encargó el provincial de la Orden Mínima en Andalucía, fray Francisco de Rueda, que completara los datos de un opúsculo anterior donde se daba cuenta de las primeras fundaciones de los seguidores de San Francisco de Paula en el sur de España. Este escrito estaba fechado en 1590 y se desconocía su autoría, según reconoce el propio Juan de Morales al principio de la obra: “Dos copias deste Epítome an venido a mis manos discurriendo por la Provincia. No sé quién es su autor”. Estudios posteriores han confirmado que ese autor desconocido era el andujareño Juan de Lucena, aunque, como reconocen los expertos, el de Málaga supo no ya solo completar la obra con nuevos datos sino revisar los antiguos con acertado espíritu crítico.

Retablo de San Francisco de Paula, desaparecido del convento de Mínimas de Andújar (archivo del convento)

                      

 

    El título completo de dicha obra es Epítome de la fundación de la Provincia del Andaluzía de la Orden de los Mínimos del glorioso patriarcha San Francisco de Paula, y fue publicada en Málaga, en 1619; un lugar idóneo para que viese la luz ya que allí, en las postrimerías del siglo XV se fundó el primer cenobio mínimo en España. En ese germen tuvo que ver mucho el rey Fernando, quien quiso así agradecer al de Paula sus desvelos para expulsar de la península Ibérica a los musulmanes y predijo la victoria de las tropas cristianas. Pero también no podemos dejar de recordar a don Pedro de Lucena, natural de Andújar, que fuera embajador ante la corona francesa de los Reyes Católicos, y quien llevó tal apoyo y predicción al monarca aragonés. Impelido por el ejemplo real, don Pedro auspició la segunda fundación de la Orden en su ciudad natal y la primera de la rama femenina. El círculo se cierra cuando averiguamos (gracias a la muy completa web de los Mínimos en España) que este diplomático fue antepasado de nuestro Juan de Lucena. Quizás por ello inició esa historia de su Orden en Andalucía, aunque su carácter de sencillo opúsculo ocultó su autoría.

      Basílica de la Victoria en Málaga (Wikipedia. Foto: David Jones)
 

 

    La web de los Mínimos no nos da luz acerca del nacimiento de Juan, aunque afirma, eso sí, que fue natural de Andújar, hijo de Francisco de Lucena y Catalina Carrillo. Recibió el hábito en Sevilla el 5 de septiembre de 1546, fue subdelegado para dividir las provincias de Castilla y Andalucía en 1571, provincial de la Bética (y como tal, participó en el capítulo general celebrado en Valencia y en el de 1574, pero aquí con otro cargo), y falleció en 1596.


    Volviendo al Epítome, hemos de decir, como curiosidad, que está dedicado a Bernardo Doca, entonces provincial, que también era andujareño. Lamentablemente, de aquella fundación mínima de la rama masculina tan solo ha quedado su recuerdo en la nomenclatura de dos calles de la población y un relieve que, por lo menos, hace unos años, aún permanecía en el patio de una casa en la calle Jesús María. Eso sí, también hay que congratularse que siga habiendo culto a Nuestra Señora de la Victoria en su Soledad y el Santo Sepulcro, devociones que vieron la luz en el antiguo convento mínimo.



FUENTES:


MORALES, Juan de; Epítome de la fundación de la Provincia del Andaluzía de la Orden de los Mínimos del glorioso patriarcha San Francisco de Paula. Málaga, Joan Réne, 1619


PRUNÉS, Josep M.; “Los Mínimos en la teología y la cultura de los siglos XVI y XVII en España”, Bolletino Ufficiale dell’Ordine del Minimi, año 2011, páginas 251-319.


www.estudiosminimos.eu

lunes, 29 de octubre de 2012

FRAY BERNARDO DOCA
(SIGLO XVI-XVII)



Religioso mínimo

Aquella Andújar plena de conventos, ermitas, campanarios y espadañas, tiene como alto orgullo el haber sido elegida por San Francisco de Paula, merced a los buenos oficios de don Pedro de Lucena, como punto de partida de la rama femenina de su Orden. Fue en 1495 cuando se dio comienzo a la vida contemplativa mínima en el mundo, en un humilde cenobio cuya herencia, por fortuna, aún se conserva. La presencia del espíritu caritativo de San Francisco de Paula estuvo siempre complementada por el convento de varones: primero, en el inicio del viejo camino de herradura del santuario; y desde mediados del siglo XVII, frente al aún conocido hoy como altozano de la Victoria.

Antigua imagen del altozano de la Victoria

 Dichosos los ojos que contemplaron la magnificencia de estos edificios. Disminuido el de mujeres en bienes muebles por culpa de la guerra, y en extensión por mor de aquellas Regiones Devastadas, que en ocasiones hicieron patente su nombre; y arruinado el de frailes, tras su obligada exclaustración en el XIX, y derruido tras un “fortuito” incendio, de él poco queda, amén del nombre antedicho del recoleto altozano y de las advocaciones de la Soledad y del Santo Entierro de Cristo, hoy veneradas en la parroquial de San Bartolomé (y, también hay que decirlo, de la Inmaculada que recibe el culto del pueblo en la capillita del cementerio, tan desfigurada por culpa de aquel incendio que dio al traste con el que era bellísimo edificio barroco, que casi nadie reconoce en ella el rostro de una Virgen pura, semejando más el de una transida Dolorosa).

Inmaculada procedente del convento de Mínimos
Nuestro biografiado pasó sus años de noviciado en el primigenio convento, sito más allá del actual cementerio municipal, donde, por cierto, la familia Doca contaba con capilla propia, fundada por Juan Gutiérrez Doca, denominada capilla de las Reliquias. Desconocemos la relación exacta con nuestro personaje, pero un documento fechado en diez de febrero de 1679 nos habla de cómo los descendientes de este tal Juan Gutiérrez, en concreto don Bernardo Doca (nieto del anterior y al que no hay que confundir con el fraile), van a seguir ostentando el patronato de una capilla en el nuevo convento de la calle Jesús María.
 El siempre imprescindible Antonio Terrones Robles. nos cuenta que tomó el hábito en el convento de Nuestra Señora de la Victoria de Andújar, "de donde era natural".

La Soledad
Sigue indicándonos Terrones, con tono hagiográfico, que “vivió con mucha virtud y abstinencia, leyendo y gobernando”. Fue prelado de muchas casas de la provincia de Granada, llegando a ser provincial de esta, acabando su vida como tal, así que su fallecimiento hay que situarlo en la ciudad de los cármenes.
Fue además corrector de varios conventos. Estuvo a punto de ser elegido provincial de Mallorca, pero renunció para seguir en Granada, que lo eligió como comisionado para el Capítulo General que tuvo lugar en el año 1623.
Impulsó complementar la historia de las fundaciones mínimas en el sur de España, obra iniciada por Juan de Lucena en el siglo XVI. Y así, en 1619, en Málaga, vio la luz el Epítome de la fundación de la provincia del Andalucía de la Orden de los Mínimos del glorioso patriarcha San Francisco de Paula, cuyo autor (fray Juan de Morales) le dedicó a fray Bernardo la obra.
Terrones concluye su referencia a este santo varón con palabras elogiosas, donde pone de manifiesto su “notable crédito de cristiandad y paciencia, con que sufrió los trabajos, y con opinión de perfecto religioso cristiano”.


FUENTES

PALOMINO LEÓN, Jesús Ángel; Ermitas, capillas y oratorios de Andújar y su término. Jaén, Diputación provincial - Instituto de Estudios Giennenses, 2003.

TERRONES ROBLES, Antonio; Vida, Martirio, Translación y Milagros de San Eufrasio Obispo y Patrón de Andújar. Granada, 1657. Edición facsímil: Jaén, Diputación Provincial, 1996.


jueves, 13 de octubre de 2011


MARÍA DE RADA
(S. XVII)

Poetisa.

Aurelio Valladares Reguero publicó en 1989 una imprescindible Guía literaria de la provincia de Jaén. Se trataba entonces de recoger todas las figuras literarias que ha dado esta provincia, amén de las citas que aparecen en nuestra literatura nacional y aun extranjera. Es evidente que la tarea era ingente y que, tras la publicación de aquel libro, nuevos autores y nuevas citas cayeron en manos del investigador. Así pues, en 1993 aparecía en la revista Angélica, de Lucena, un artículo donde se hacía eco de una escritora del XVII, de nombre María de Rada, poetisa residente en Andújar y que no fue incluida en la Guía del 89. Había llegado a su conocimiento la existencia de esta escritora gracias a una nueva edición del Cancionero antequerano (1988). Es este poemario la herencia dejada a la posteridad por el llamado Grupo de Antequera: un círculo poético formado en la ciudad malagueña en el siglo XVII, que seguía todo el espíritu barroco emanado desde Granada, y cuyo principal representante fue Pedro de Espinosa. El Cancionero, titulado originalmente Bariedad de Sonetos Recogidos de diferentes autores por Ignacio de Toledo y Godoy, fue escrito en 1627 y el manuscrito no se publicó hasta 1950. El compilador no sólo se limitó a tener en cuenta a los poetas locales sino que abrió el abanico a otras plumas del panorama poético andaluz, e incluso nacional (Quevedo, los Argensola, Espinel, Barahona de Soto, etc.).

Recopilación del
Cancionero Antequerano

Son dos los poemas de María de Rada que allí se incluyen, de la que tan sólo se dice ser «vecina de Andújar». La primera composición trata «De la elección del general de San Francisco, fray Juan del Hierro», y tiene carácter satírico-burlesco. Cuenta Valladares que el suceso que da pie al soneto es histórico y tuvo lugar en 1612, debiéndose escribir entre este año y el siguiente. El segundo hace igualmente burla «de un fraile trinitario que predicó un sermón largo y enfadó a los oyentes». Alguien ha creído ver tras la figura de este plomizo predicador al trinitario Paravicino, maestro de la oratoria sagrada barroca que frecuentó tierras andaluzas. No obstante, cualquier otro sermoneador pudo ser objeto de la despiadada puya de Rada que ataca sin piedad al fraile. Dámaso Alonso usa este soneto en sus estudios de oratoria sagrada.

Otra poesía de María de Rada se encuentra en la obra de Juan de Acuña del Adarve Discursos de las efigies y verdaderos retratos..., publicada en Villanueva de Andújar (hoy de la Reina) en 1637, y que trata de la veracidad de la reliquia del Santo Rostro que se guarda en la Catedral de Jaén. Son unas décimas laudatorias que aparecen al principio del libro, anunciándose así: «De doña María de Rada, vecina de la ciudad de Andújar, mujer de esclarecido ingenio y gran virtud, al autor». Por tanto, en 1637 vivía aún en Andújar, y así lo recoge también Manuel Serrano y Sanz en sus Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas... (1905).

El mismo Valladares, con posterioridad, llega a reunir hasta nueve poemas de María de Rada. Además de los citados, el resto se encuentran en dos de las justas poéticas que se celebraron en Andújar a lo largo del XVII. El alma máter de ellas fue el religioso franciscano y escritor Francisco del Villar y Bago, una figura muy interesante del Barroco local, del que daremos noticia en otro momento. Una poesía aparece en la conmemoración que se hizo de la beatificación en 1627 de los mártires del Japón, en concreto una chanzoneta suya que se cantó en la misa conmemorativa de este hecho. Rada no participó en este certamen, pero colaboró con esta pieza. En la publicación de 1635, donde se elogia la conducción de aguas al convento franciscano, María de Rada participa con varias composiciones, aunque no sabemos si alcanzó galardón alguno pues Villar, el compilador, omite este dato. La relación entre Rada y el fraile parece prolongarse a lo largo del tiempo, ya que ambos se dedican mutuos elogios y este último habla de premios alcanzados por la poetisa en justas celebradas en otras localidades, poemas, que, por desgracia, no han llegado a nuestros días o aún no han sido descubierto por los especialistas. De hecho, en el prefacio a esta obra, escribe Villar: "Doña María de Rada, / ha tomado por su quenta, / créditos de las siuilas, / con las Musas compete[n]cias". 

Portada Fiestas conducción del agua
Nada más se puede decir por el momento de esta María de Rada, poetisa que vivió entre el siglo XVI y el XVII; que fue vecina de Andújar (aunque no sabemos por el momento si también natural de aquí) y que, si consideramos su inclusión en el Cancionero antequerano y el juicio de «mujer de esclarecido ingenio», debió de ser muy bien considerada en su momento, lo cual, siendo mujer y viviendo en la época en que vivió, no es poca cosa. Tal vez el futuro nos reserve nuevos descubrimientos sobre esta casi desconocida mujer del Barroco.

Restos del claustro del convento de S. Francisco

FUENTES:

OSUNA, Inmaculada;«Poesía de proyección ciudadana en tres autoras del siglo XVII: Cristobalina Fernández de Alarcón, María de Rada e Isabel de Tapia», Península, 2 (2005), pp. 237-249. 

SERRANO Y SANZ, Manuel; Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas. Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1905.

VALLADARES REGUERO, Aurelio; “Dos justas poéticas celebradas en Andújar (1627 y 1633)”, BIEG, 164, (1997), 149-204.

VALLADARES REGUERO, Aurelio; Guía literaria de la provincia de Jaén. Jaén, IEG, 1989.

VALLADARES REGUERO, Aurelio; «María de Rada, una poetisa de Andújar en los ambientes literarios andaluces de la primera mitad del siglo XVII», Angélica, 5, (1993), pp. 83-90.

VALLADARES REGUERO, Aurelio; «Nuevos datos sobre una poetisa andujareña del siglo XVII: María de Rada», Senda de los huertos, 41, (1996), pp. 85-95.

domingo, 25 de marzo de 2012



IMAGINEROS EN LA SEMANA SANTA DE ANDÚJAR (I)


En vísperas de nuestra Semana Mayor, dedicamos esta entrada especial a repasar someramente la vida y obra de los imagineros que han dejado parte de su herencia artística entre los muros de nuestros templos y que, llegado este tiempo de azahar e incienso, nos deleitan con la contemplación de Cristos, Dolorosas e imágenes secundarias.

Al margen de las Angustias, única imagen procesional que se salvó de la Guerra Civil, tras la contienda fratricida y con el resurgir cofrade que hemos vivido a partir de la década de los ochenta, Andújar se ha dotado de un interesante conjunto de piezas devocionales que exponen el arte de imagineros de distinta procedencia y enfoque: tenemos esculturas de sevillanos consagrados y pertenecientes a distintas generaciones, jóvenes promesas y afianzados artistas cordobeses, testimonios del buen oficio de talleres valencianos y madrileños de posguerra, ejemplos aislados de autores tan dispares como el extremeño Blanco Pajares o el multidisciplinar González Gil, etc.

Lo que sigue es tan solo un repaso somero y falto seguramente de un mayor ahondamiento en las biografías de los autores aquí expuestos, pero suficiente, creemos, en la vertiente divulgativa que tiene este blog.



José Antonio Lucena [Nuestro Padre Jesús de la Salud, 2019]
(Vélez-Málaga, 01.05.1985)

(De www.vivirjaen.es)


Cursó estudios en la Escuela de Artes y Oficios de San Telmo (Málaga). Al finalizarlos, creó su propio taller en Benamocarra. Hay obras suyas repartidas por buena parte de la geografía nacional, e incluso una imagen de una Dolorosa existe en Cuba. Se podían destacar el Cautivo de Canillas de Aceituno o Nuestra Señora de la Esperanza de la Hermandad del Nazareno de Casarabonela. Trabaja también intensamente la escultura para devociones particulares. En cuanto a la restauración, habría que citar la del Nazareno de Arjona, entre muchas otras.

La nueva imagen del Nazareno de la Salud culmina el proyecto del grupo parroquial de La Ropera, para que un paso de misterio acompañase a Nuestra Señora de los Dolores en su desfile procesional del Viernes de Dolores. Fue bendecida en la parroquia de San Bartolomé de Andújar el 23 de febrero de 2019 y presidirá el Viacrucis oficial de la Agrupación, que tendrá lugar el 8 de marzo.


Antonio Baena López  [San Juan del grupo parroquial de La Ropera, 2019]
(de Facebook)
(Santaella, 1988)

Joven imaginero que se dedica, sobre todo, a esculpir imágenes de pequeño tamaño. En 2014 talló para la Cofradía del Resucitado de Monturque, la imagen de Santa María Magdalena.





Manuel Luque Bonillo [Dolorosa y San Juan de la Veracruz, 2006]
(Córdoba, 02.01.1972)

Una de las jóvenes promesas de la moderna imaginería cordobesa. Tras pasar por las aulas de los Maristas y la Universidad Laboral Onésimo Redondo, en 1988 ingresó en la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria. A los diecinueve años pasó a formar parte como aprendiz del taller de los escultores Antonio Bernal y Francisco Romero. Desde 1995 tiene taller propio.
Su primera obra fue Nuestro Padre Jesús de las Penas (Puente Genil). Su obra escultórica se reparte por toda Andalucía (en especial, Córdoba), Extremadura, Galicia y Canarias: Grupo escultórico del Resucitado para La Laguna (Tenerife), Misterios de Jesús ante Anás y Presentación al pueblo (Montilla), Resucitado (Beas de Segura)...
En Andújar tiene también las figuras que jalonan el artístico trono de Jesús Nazareno, igualmente para la Cofradía de la Veracruz. Dentro de su vertiente como restaurador, muy recientemente ha tratado intensamente la imagen del Cristo de la Columna.



Jaime Babío Núñez [Nuestro Señor de la Paz, para la Hermandad de La Paciencia, 2002]
 (Sevilla, 03.06.1973)
En el propio blog del artista nos encontramos conque comenzó a trabajar con Dubé de Luque en 1992, en cuyo taller permaneció hasta 1998. En el año 2000 realizó el curso de conservación y restauración del patrimonio.
Obras suyas son el Nazareno de la Sentencia para la Laguna (Tenerife), las Angustias de Tarifa, las imágenes secundarias de la Oración del Huerto de Yecla, o el Santísimo Cristo de la Caridad también para Tarifa.




Manuel Martos Leiva [Figuras secundarias de la Borriquita, de la Hermandad de la Paciencia, 2009-2011]
(Úbeda, 1979)

Joven artista ubetense que últimamente se dedica más a la restauración de obras de arte. Esculpió la Virgen de las Lágrimas de la parroquia de San Nicolás, de su ciudad natal, que después fue sustituida por otra imagen, obra de Castellano Tamarit para la nueva cofradía que procesionó a su Titular por vez primera en la Semana Santa de 2013.


Juan Blanco Pajares [Nuestro Padre Jesús de la Columna de la Veracruz, 1944]
(Don Benito, 1898 – Castilleja de la Cuesta, 1984).

Se formó como imaginero en “Talleres del Arte”, de Madrid. De vuelta a Don Benito comenzó a hacerse un nombre que truncó el estallido de la Guerra Civil. Al finalizar la contienda bélica se estableció en Castilleja de la Cuesta.
Del taller sevillano saldrían obras como el Misterio de la Hermandad de Ferroviarios para Mérida, Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora del Rosario de Villacarrillo, y muchas otras imágenes en colaboración, algunas de ellas, con escultores como Illanes o Buiza.


“De profesión artista: Don Juan Blanco Pajares”, Lignum Crucis (boletín de la Veracruz de Andújar) año 2009, págs. 12-15.


Francisco Romero Zafra [Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Veracruz, 1997]
(La Victoria, Córdoba, 25.03.1956)

El mismo artista se define como “autodidacta” en su página web. Comenzó su labor profesional en 1990. Ha participado en varias exposiciones colectivas.
Sus obras se extienden por varias provincias andaluzas, Valladolid, Badajoz y Tenerife. Por citar solo unas pocas: Nuestro Padre Jesús del Perdón (Córdoba), Nuestra Señora del Carmen (Bujalance), Jesús Resucitado (Martos), Nuestra Señora de las Penas (Úbeda), Nuestro Padre Jesús del Amor Despojado (Cádiz), María Santísima de los Siete Dolores (Sevilla)...

La Cofradía del Gran Poder procesiona por las calles de Andújar una Dolorosa de pequeñas dimensiones (Nuestra Señora del Rosario), también de Francisco Romero, con motivo de la festividad de las cruces de Mayo.





Efraín Gómez Montón [Cristo de la Providencia, de la Hermandad de la Esperanza, 1958]
(Benaguasil, Valencia, 08.11.1924 – Playa de Cullera, Valencia, 02.08.2008)

Fue discípulo de Enrique Galarza, su principal maestro. Estudió y se licenció en Bellas Artes por la Escuela Superior San Carlos de Valencia. Se especializó en imaginería religiosa. Su obra está repartida entre las más importantes manifestaciones artísticas de Semana Santa de España y el extranjero.
De sus manos salieron la Santa Cena de Vitoria, la Entrada de Jesús en Jerusalén de Gandía, la Oración del Huerto de Alcázar de San Juan, el Cristo de Medinaceli de Totana, etc.







Luis Aldehuela Gómez [Jesús en su Agonía del Huerto y Ángel confortador, 1948]
(Andújar, 02.03.1920 – Granada, 04.11.2011)
En una entrada anterior ya nos dedicamos a repasar la vida y obra de nuestro querido paisano, recientemente fallecido. Andujareño de pura cepa ha pasado a la historia como uno de los mejores pintores de tema venatorio.
Calificado por muchos como el pintor de la sierra, otro buen ejemplo de su maestría con la gubia es el San Antonio de Padua que se venera en la parroquial de San Bartolomé.
Realizó un proyecto de Cristo yacente para Alcalá La Real que no llegó a prosperar.



José María Cerero Sola [Apostolado de la Oración en el Huerto, 1990]
(Escacena del Campo, Huelva)

En la Semana Santa de 2014 la Cofradía del Huerto ha estrenado las figuras de San Juan, San Pedro y Santiago, adquiridas recientemente a la Hermandad del Rosario de Alcalá de Guadaira. Proceden del paso procesional de la Oración en el Huerto que desfila por las calles de esta localidad sevillana en la tarde-noche del Domingo de Ramos. Las imágenes son de José María Cerero Sola, que recibió las enseñanzas artísticas del afamado escultor de Alcalá de Guadaira, Manuel Pineda Calderón (1906-1974), y que fue su ayudante durante 22 años. Fueron ejecutadas en 1990 para acompañar a Jesús y al Ángel confortador, obra, justamente de su maestro. Al margen de las obras en que participó ayudando a Pineda, hay que citar, dentro de su creación personal, la talla de Nuestra Señora de la Oliva (1983) para la Hermandad de la Borriquita de Alcalá de Guadaira, la restauración del Cristo descendido de la Cruz y Nuestra Señora de la Amargura de Dos Hermanas (1982), Cristo yacente (1991) que estuvo procesionando durante un tiempo en Escacena, restauración de la Dolorosa de la Hermandad del Nazareno también de Escacena (1976), y ante todo la nueva talla de la Virgen de Luna (1959), patrona de su localidad natal.
Ha estado, además, muy vinculado al mundo cofrade alcalareño, siendo hermano fundador de la Hermandad del Cautivo. El recinto ferial de su localidad natal, Escacena, lleva su nombre.

(www.guadairainformacion.com)

Amadeo Ruiz Olmos [Nuestro Padre Jesús de la Paciencia, 1941]
(Benetúser, Valencia, 1913 - Madrid, 1993)

Hijo de Francisco Ruiz Olmos, también escultor, queda huérfano en 1914. Su madre decide trasladarse entonces a Sedaví (Valencia), su localidad de origen, junto a sus tres hijos. Siendo muy joven consigue su primer empleo como escribiente. Más tarde ingresará como aprendiz en un taller de muebles, de donde pasará al taller de un escultor. Su formación académica la realiza en la Escuela de Artes y Oficios y más tarde, en la Academia de San Carlos, después. Durante la Guerra Civil se traslada a Córdoba, y una vez terminada la guerra, termina su formación en la Academia de Bellas Artes de Sevilla. En 1954 consigue la cátedra de Profesor de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria.
Recientemente se ha publicado un libro (Vida y obra de Amadeo Ruiz Olmos) en el cual su autor, Pablo Jesús Lorite Cruz, repasa exhaustivamente la ingente producción de este autor, entre la que hay que destacar, de un lado, la imaginería religiosa (Jesús atado a la Columna de Baeza, Ecce Homo de Úbeda, Santa Cena de Úbeda, María Santísima de los Dolores de Puente Genil, etc.) y de otro, la escultura urbana (monumento a Maimónides, escultura de San Rafael, mausoleo de Manolete, etc., todas ellas en Córdoba).




Antonio Castillo Lastrucci [Nuestra Señora del Rosario, 1964]
(Sevilla, 27.02.1882 – 29.11.1967).

Uno de los grandes maestros imagineros sevillanos de siglo XX. Fue discípulo de Antonio Susillo y alumno de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla. En 1915 marcha a París para ampliar estudios y después a Madrid. Monta su primer taller de trabajo en la sombrerería de su padre y más adelante, una academia de escultura.
Su primer trabajo de envergadura fueron las imágenes del paso de Misterio de Jesús ante Anás (la popular hermandad de la Bofetá), realizadas en 1922. Un año después se instala en un taller definitivo del cual saldrían auténticas obras de arte destinadas a los más diversos rincones de España y el extranjero.
Además del grupo escultórico citado, de sus manos han salido obras tan señeras como el Cristo de la Buena Muerte de Córdoba, Nuestra Señora de las Angustias Coronada de Guadix; y en Sevilla: el Misterio de Jesús de la Sentencia, el Misterio de la Hermandad de San Benito, las tres imágenes de la Hermandad de la Hiniesta, etc.



Antonio Dubé de Luque [María Santísima del Buen Remedio, 1983. Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, 1987]
(Sevilla, 1943-2019)

Otro de los nombres clave en la imaginería sevillana de la segunda mitad del siglo XX. Pintor en su origen, pronto se dedicaría al noble ejercicio del cincelado, que va a alternar durante toda su vida con el diseño de enseres cofrades (por ejemplo, el paso del Buen Remedio) y la confección de innumerables portadas de boletines y carteles de Semana Santa para Sevilla.
De sus manos han salido la imagen de la Soledad de la Cofradía de los Servitas sevillana, María Santísima de la Alegría en Écija, Nuestro Padre Jesús y María Santísima de la Paz en Jaén, el Prendimiento y la Santa Faz en Córdoba, etc.